Esta es la historia de Elena, una chica que vivía en Barcelona, una gran ciudad llena de tráfico, de prisas, de gente corriendo de un lado a otro, ella pensando en su gran sueño, llegar a lo más alto en el tenis.
Elena nació en el seno de una familia acomodada…, tiene un hermano de diez años al que adora, pero con el que se enfada frecuentemente porque ella no le deja hacer todo lo que el quiere, es mucho más tranquilo y si ganas de líos .
Desde pequeña su padre había puesto en ella sus sueños, sus ilusiones, lo que él no pudo llegar a ser en el mundo del tenis.
Elena con cuatro años ya empezó a dar clases de tenis, era una niña muy movida y se lo pasaba fenomenal jugando al tenis, solo pensaba en jugar y divertirse.
Elena fue haciendo muchos amigos tanto en el colegio como en el tenis, era una chica muy simpática, agradable…pero muy competitiva, hasta en casa.
A los diez años empezó a competir, primero por diversión, pero poco a poco se fue haciendo ilusiones al ver que era de las mejores de su edad, y se lo fue tomando en serio, y cada vez entrenando más y haciendo más esfuerzos para no dejar atrás sus estudios, pues su madre insistía en que estudiar era lo más importante, que en el mundo del tenis llegan muy pocos. Pues si Elena bajaba en los estudios disminuía el tenis, pero como iba bien en los estudios podía con las dos cosas.
Elena tenía momentos malos, en los que pensaba “¿podré con todo?”, pero después pensaba “esto es lo que me gusta”, “quiero llegar a lo más alto”, “tengo que mejorar”, “debo esforzarme más”…bueno aunque tuvo rachas mejores y peores iba viendo que con esfuerzo y trabajo, los sueños se iban cumpliendo, e iba mejorando en todos los aspectos, y cada vez con más actitudes positivas.
Sus padres estaban muy orgullosos de ella y ella estaba encantada de ir logrando metas, cada vez mejor, ser la mejor de su comunidad, luego de España,… y poco a poco, trabajando mucho iba logrando llegar más lejos.
Elena a los quince años entrenaba muy duro y con sus compañeros, uno de ellos Alberto tenía diecisiete años, y aunque jugaba muy bien al tenis, no tenía la facilidad ni la fuerza mental de Elena. Estaba pensando en otras cosas, como el amor, en Elena…
Elena estaba muy contenta y feliz en tenis ya que iba muy bien, también se sentía muy rara de que Alberto estuviera tan pendiente de ella, y aunque no quería al principio, poco a poco se fue enamorando de él.
Elena continuó con sus estudios hasta que pudo, pero a los dieciocho años le ofrecieron la oportunidad de estar un año compitiendo a nivel internacional y Alberto que ya estaba dedicado en cuerpo y alma a su chica Elena y a sus estudios de INEF le acompañaba a todos los torneos que podía, siendo su apoyo mental, físico,…y admirándola en todas sus cualidades, aunque se enfadaban de vez en cuando porque tenían un carácter muy fuerte los dos.
Actualmente Elena está triunfando en el tenis, es una de las diez mejores del mundo y está muy satisfecha por todo el esfuerzo realizado, y Alberto es su entrenador físico, novio, y se apoyan mutuamente y se quieren un montón.
MERCEDES
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El siglo XXI
En esta época, del siglo XXI, tenemos muchas comodidades y hay muchos más desarrollos que antiguamente, hoy en día la vida es mucho más fácil y cómoda en los países desarrollados.
Nuestro protagonista de esta historia se llama Juan, y voy a contaros un día cotidiano de su vida.
Ahora siempre podemos estar localizados en cualquier sitio, gracias a los móviles. Es una tecnología impresionante, el invento de los móviles es de lo mejor.
Juan al ir al trabajar, tuvo un percance con el coche, y gracias al móvil pudo llamar a su seguro, para que le trajeran una grúa y llevarse el coche y que no se quedara tirado en medio de la calle.
Una vez que la grúa llegó se llevó su coche al taller, él cogió un taxi y se fue a su lugar de trabajo.
Otra tecnología inventada en este siglo, han sido los fantásticos ordenadores.
Juan, cuando llegó a su despacho, lo primero que hizo fue encender su ordenador, que es hoy un utensilio imprescindible para trabajar o más bien para nuestras vidas.
Sin un ordenador, no se puede estar hoy en día, nos ayuda a hacer muchísimas cosas.
Como por ejemplo, los jóvenes de hoy en día utilizan el ordenador para todo: trabajos del cole, para chatear en el facebook, tuenti, msn, etc.
Él es abogado, empezó a mirar todos sus correos de sus casos, sus juicios y a ordenar sus carpetas, Estuvo trabajando toda la mañana y casi toda la tarde, solo paró para comerse un sandwich del trabajo que tenía, el pobre estaba estresado.
Horas después se fue a su casa, y llegó sobre las ocho.
Se me ha olvidado decir que estábamos en verano, y hacía demasiado calor.
Y volviendo al personaje , cuando éste llegó a casa, como estaba tan cansado se sentó en su sofá de lujo con masaje incluido y encendió el aire acondicionado porque estaba agobiado del calor que hacía.
Es otro de los inventos más eficaces de nuestra época, ya que sin ellos pasaríamos unos veranos horribles al igual que sin calefacción pasaríamos unos inviernos congeladísimos.
Juan se fue después a su cocina, porque empezó a sentir sed y hambre, abrió su nevera y cogió una cerveza bien fresquita y su jamoncito de pata negra.
Qué invento más útil ¿verdad? la nevera, que gracias a ella podemos mantener los alimentos frescos, las bebidas frías, tener helados, mantener alimentos en buen estado, etc..
En fin, él cenó y se puso luego a ver la tele, su programa favorito, "Aquí no hay quién viva".
De esa forma se desestresó, ya que la tele produce entretenimiento, otro invento imprescindible de nuestra época.
Con ella nos entretenemos, nos enteramos de las noticias sobre el mundo, documentales, etc.
A Juan le fue entrando el sueño, se cepilló los dientes, y se fue a dormir a la cama, escuchando en ella, un ratito su ipod touch en el que escuchó su música clásica hasta quedarse dormido plácidamente, como los bebes ¡jajaja!.
Con esta historia he querido expresaros o contaros algunos de los inventos más útiles y guays de nuestra época. Puff. ¿Qué haríamos sin ellos?, no quiero ni pensarlo.
Y con esto y un bizcocho hasta mañana a las ocho.AYMARA
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En las escalones de una humilde casa alejada de la ciudad se encuentra ella, sentada alrededor de una montaña de maletas con su portátil nuevo apoyado sobre su regazo mirando las fotos del último verano y de su último cumpleaños y pensado en que irse de allí no es precisamente lo que más le apetece.
Por un lado está ansiosa ante la idea de vivir en el centro de una ciudad nueva, un barrio completamente desconocido y una casa considerablemente más grande que su anterior vivienda, pero lo de empezar de cero un colegio nuevo no parece entusiasmarla demasiado. Es más le angustia bastante, todavía no ha salido de allí y ya esta echando de menos a sus amigos, sabe que volverá en vacaciones, en puentes y en algún que otro fin de semana pero sabe de sobra que no será lo mismo...
-Quizá es buena idea un cambio de aires, nuevos amigos y vivir en una ciudad, siempre es mejor que en un pueblo, o al menos eso dicen...
Pero sigue sin convencerle la idea...no puede para de pensar en que donde se encuentra en aquel momento ha sido el lugar en el que ha pasado su infancia, en el árbol que divisa enfrente de su casa fue donde se le calló su primer diente, en aquel banco lleno de grafitis fue donde se dio su primer beso, y en los escalones donde se encuentra sentada fue donde encontró a su perro Keko.
No hay cosa que le duela más que irse de allí.
Justo en ese momento algo la hace aterrizar...
- ¡Marta! sube tus cosas al coche que nos vamos ¡Ya!
ROCÍO
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CONFESIÓN DE UNA ANORÉXICA
Mi nombre es Verónica, tengo quince años y sufro anorexia
Siempre he estado acomplejada con mi peso y con mi cuerpo, ya que mis amigas son todas muy guapas y delgadas y yo no es que sea un bellezón.
Esto es algo que siempre me ha deprimido mucho, sobretodo cuando me miraba en los espejos y veía a una chica fea y gorda que resultaba ser yo.
Siempre estaba triste y me daba corte hablar con la gente ya que pensaba que se burlarían de mí (al menos eso creía yo).
Decidí que ya era hora de empezar a adelgazar como sea, así que lo que hice fue recortar un poco las comidas y empezar a hacer mucho deporte, pero no estaba satisfecha con los resultados, por lo que me deprimí aún más.
Así que empecé poco a poco a dejar de comer. Lo más difícil era controlar la ansiedad por lo que tomaba mucha agua y chicles para controlar las ansias y de vez en cuando algo a la hora de comer para disimular delante de mis padres.
Empecé a bajar de peso rápidamente pero seguía viéndome gorda delante del espejo, así que seguí con mi plan.
Mis padres se empezaron a dar cuenta y me obligaron a comer a la fuerza a pesar de que yo hacía lo posible por no hacerlo.
En el colegio mis amigas me intentaban convencer de que no estaba gorda y de que había adelgazado mucho, pero no las podía creer, pensaba que mis padres las habían convencido para que dijeran eso.
Lo empecé a tener más difícil para no comer, ya que mis padres y mis amigas me empezaron a controlar más para que comiera bien, por lo que empecé a recuperar poco a poco mi peso perdido.
Ante este problema empecé a buscar páginas web que me ayudaran con este problema, hasta que leí una que decía que la solución era vomitar después de comer sin que mis padres se dieran cuenta.
Me pareció una idea extraña, pero ante mi desesperación decidí hacerlo. Así que lo que hacía era comer mucho delante de mi familia y luego vomitar cuando no estaban.
Dos meses después estaba 13 kilos más delgada, se me empezó a caer el pelo y se me empezaron a estropear los dientes a causa de los vómitos.
Mi piel empezó a empalidecer, tenía unas ojeras horribles y me sentía muy débil, tanto que empecé a dormirme de repente durante las clases. Aparte mi aspecto físico empeoró bastante y me empezó a doler el hígado cuando vomitaba.
Todos estaban muy preocupados por mí, la gente me miraba como un bicho raro, pero a mí me daba igual. No seguía satisfecha conmigo, mi depresión hizo que dejara de valorar mi vida y tenía la autoestima cada vez más baja.
Hasta que un día durante educación física, durante un examen de atletismo no pude más y me desmayé.
Me llevaron al hospital. Cuando desperté el médico me dijo que sufría de una desnutrición que el vomitar me había afectado mucho el hígado y que estaba muy grave. En ese momento me di cuenta de que tenía un problema .
El médico les aconsejó a mis padres que me metieran en una clínica especializada, y tras ver mi estado accedí.
Ahora estoy en una clínica especial para adolescentes con trastornos alimenticios, estoy inyectada a suero y luchando por sobrevivir.
Yo soy consciente de que me he salvado por los pelos, pero hay muchas personas que no tienen esa suerte.Estaba tan desesperada que no tuve en cuenta otras maneras más saludables para adelgazar.
No es necesario jugar con la vida de uno mismo para que los demás muestren más interés en ti. Como nos decían de pequeños, la belleza está en el interior.
POCAHONTAS
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Era verano por la tarde, yo jugaba con mis amigos en la playa a hacer carreras, y como era de suponer, nos acabamos cansando. Nos fuimos a sentar a la sombra de unas palmeras muy altas, yo me tapé con mi toalla porque, aunque estábamos a la sombra, el sol me seguía dando en los ojos.
De pronto, me desperté, era de noche y mis amigos no estaban; me encontraba encima de una colchoneta y se veían unas luces a lo lejos. La colchoneta se mecía por las olas del mar, no me lo podía creer, quién me habría dejado en una colchoneta por la noche en medio del mar. Intenté remar hacia la costa, pero la corriente era muy fuerte.
Tenía mucho miedo, nunca había estado tan lejos de la costa, y cada vez me alejaba más. De pronto, vi una especie de bulto que se había pegado a la colchoneta, era una medusa. Yo la intenté quitar con la mano, pero me picó y se hinchó la mano. De pronto un animal muy raro salió del agua y se comió a la medusa. Yo tenía mucho miedo, porque si se había comido a la medusa también podría comerme a mí.
Pero no salió otra vez. Yo seguía allí. Era de noche y ya no veía las luces a lo lejos, pero seguía viendo gracias a la luz de la luna. De pronto algo movió mi colchoneta y saltó desde debajo de mi colchoneta. Era un tiburón, me tiró al agua y yo grité, grité como no había gritado nunca. Pero entonces, Carlos me despertó, todo había sido una pesadilla.CORONEL GRUYERE
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9:00 de la mañana. Suena el despertador.
Abro los ojos y miro por la ventana del fondo de mi habitación. Cae una fuerte lluvia sobre el cristal.
- Otro triste día gris...pienso mientras me desperezo y me levanto de la cama.
No hay nada mejor que despertarse con una buena ducha fría, así que me dirijo hacia el baño de mi apartamento. Luego me visto; me pongo los vaqueros y la primera camisa que pillo. Hoy no me encuentro muy bien, no será la primera vez que me levanto con resaca.
Me siento un momento en el sofá y pienso qué podría hacer en este horrible día.
- Sí...lo mejor será que baje al bar a tomar algo.
Pues eso, dicho y hecho. Salgo de la habitación 215 y bajo por las escaleras.
Entro en el bar, un sitio agradable, lleno de pósters y con música de jazz de fondo, tal como a mí me gusta.
Me siento en mi sitio de siempre:
- Un café con leche, por favor.
- Enseguida se lo traigo, caballero - responde el camarero muy educadamente.
De repente se abre la puerta del bar y entra una mujer. Morena, ojos verdes, cabello largo y rizado; resumiendo: muy guapa.
Se acerca hacia mi sitio.
- ¿Le importa que me siente con usted?
- Por supuesto, no me viene nada mal un poco de compañía a estas horas.
- Me llamo Elise
- Kyle. Encantado.
- ¿Puedo tutearte?
- Sí, claro.
- Dime Kyle, ¿qué hace alguien como usted a las 9:30 de la mañana tomando un café en un bar un martes? ¿No debería estar trabajando?
- La verdad es que...no tengo trabajo.
- Oh, Lo siento.
- No lo sientas, he dimitido. No aguantaba más mi trabajo, y en general, mi vida.
- ¿No eras feliz?
- Podría decirse que no mucho.
- No digas eso, ¡hay mil razones por las que ser feliz!
- Dame una sola buena razón.
Se quedó pensativa un momento, dudando qué decirme. Después se levanto de su silla, se acercó a mí y me dijo:
- Esta.
Entonces cogió mi barbilla con su mano y me besó en los labios. Tenía un gusto dulce, como a vainilla. Cerré los ojos y me dejé llevar mientras ella me besaba. Sentí como sus labios se deslizaban sobre los míos, y una especie de cosquilleo me atravesó desde la boca hasta la punta de los pies. Hacía mucho tiempo que no sentía el calor de un beso.
Lentamente, se aparto.
Me quedé un rato con los ojos cerrados y cuando los abrí ya no había nadie allí. La puerta del bar estaba entreabierta, a punto de cerrarse. Se había ido.
Entonces vi un pequeño trozo de papel en la mesa escrito con una perfecta caligrafía:
"A veces las cosas mas simples, pueden resultar verdaderamente hermosas"
Y detrás un número de teléfono.
La verdad, no entendía nada, pero solo quería volver a verla.
ROXAS
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En una noche de verano
cuando el sol mas lucía
un ciego al revés leía
mejor morir que vivir de día.
Videojuegos y consolas
mi vida transformaron
pues la lectura y la escritura
en mi vida se acercaron.
A la sombra de un farol apagado
un mozo cansado y también desordenado
cantaba coplas sin rima alguna
hasta que este quinteto apareció
y en un poeta se convirtió.
Rimas y rimas se pueden hacer
pero el mismo significado no suelen tener
puesto que vienen de la imaginación
y la importante inspiración.
No más rimas he de hacer
pues poeta no he nacido
mas espero que te hayan gustado
mis rimas sin sentido
de las cuales aún me río.
RICARDO
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El día que llegué tarde
Me encuentro en mi casa disfrutando de una bonita mañana de lunes aporreando las teclas de mi ordenador. Tengo catorce años y estamos en Enero, os preguntaréis entonces ¿y qué hace este en casa un día normal de clase? Pues yo os contesto con mucho gusto, soy víctima de un maleficio que me posee desde que nací, soy víctima de la puntualidad.
Llegué tarde a mi nacimiento. Resulta que si hubiese nacido cinco minutos antes mi mamá habría cobrado una ayuda que daba el gobierno a los recién nacidos ese año y que retiró, para mi desgracia el año que yo nací. Lo hice el uno de Enero a las 00:04 y me quedé, mas bien se quedó mi madre, sin el dinero.
También llegué tarde a mi bautizo, aunque suene raro. Era un bautizo colectivo en mi parroquia y como llegué tarde y toda el agua del Jordán estaba ya en la pila bautismal, el pobre cura me bautizó con agua ya usada.
Siempre he jugado de portero en los recreos porque llegaba tarde cuando se echaba a pies y me tocaba lo que nadie quería, aguantar balonazos.
Tarde en los cumples me quedaba sin piñata. Tarde en el cine me perdía los principios de las pelis. Tarde en levantarme la mañana de Reyes y me encontraba con todos mis regalos abiertos por los impacientes de mis hermanos mayores. Y lo que es muy duro, tarde el día que quedé por primera vez con la chica a la que pedí salir (se lo pedí tarde pero me dijo que sí) y cuando llegué me la encontré hablando muy amistosamente con mi mejor amigo, que es más guapo que yo y que me levantó a la chica que tanto me gustaba.
La vida del que es víctima de la impuntualidad como yo es muy dura y no se la deseo a nadie. La semana pasada fui al fútbol con mi padre y escuché desde la puerta el primer gol del Madrid, me lo perdí. Y luego haciendo un propósito de enmienda decidí salir un minuto antes para no llegar tarde al autobús que me lleva a mi lejana casa y me perdí el gol del desempate de Higuaín.
Yo, lo que creo es que el tiempo, y no hablo del meteorológico, está contra mí. Tal vez debería vivir en Canarias y llegar a tiempo a todo, tal vez debería irme a vivir con los esquimales, los beduinos o alguna gente a la que no importa tanto la vida cinco minutos arriba o abajo, o tal vez debería resignarme a mi destino y estar preparado para segundas oportunidades.
Por lo pronto estoy considerando esta última opción y me estoy pensando aceptar una oferta que me han hecho por los relatos que he hecho mientras estaba en casa castigado por llegar tarde a clase y que podrían ser el comienzo de una vida como escritor. De hecho ya estoy pensando en el título del libro: El día que llegué tarde, cómo no.MONE
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Estaba detrás de un árbol, corrijo, un ciprés. El típico ciprés que hay en el típico cementerio. Porque yo estaba en un cementerio, pero lo que me pasaba no era algo demasiado típico.
Estaba espiando un funeral que tenía lugar a escasos metros de mi. La sensación que tenía era un tanto extraña: nunca me habían gustado demasiado los cementerios. Pensar que estás rodeado de miles de cadáveres, de miles de almas, de miles de personas que ya nadie recuerda ni recordarán... Bueno, es una sensación difícil de explicar.
Yo no estaba aquí por gusto, desde luego. Tenía una misión que cumplir, de vital importancia diría yo. Tenía que ver con el funeral que se estaba llevando a cabo enfrente de mí.
Estaba mirando a las pocas personas que presenciaban el acto. Sus caras no reflejaban tristeza. Nadie estaba llorando, seguramente nadie estaría recordando buenos momentos vividos con aquella persona, y nadie estaría pensando cuándo fue la ultima vez que le vieron. Yo creo que todos estarían aliviados de saber que ya no volverían a verle, porque estaba muerto.
En efecto, ellos pensaban que estaba muerto. Yo sabía que no. Y mi misión era salvarle.
Esperé a que se hiciera de noche y que no hubiera nadie. Tenía que desenterrar a mi amigo. A mí me había tocado la parte mas fácil del plan, lo reconozco; porque querer enterrarse vivo para después salir y así escapar de la cárcel no era precisamente fácil; pero aun así estaba muy nervioso y temblando de miedo.
Y sí, mi amigo había querido salir de la cárcel de esa manera tan... original.
Me apresuré al lugar y empecé a cavar a toda velocidad. Cuanto menos me quedaba por cavar, más nervioso me encontraba. Y al final llegué. Abrí la tapa del ataúd de golpe y me sobresalté.
Lo que vi no era lo que me esperaba. No era nada agradable. Mi amigo yacía muerto con una horrible expresión de agonía en el rostro. Algo no había salido bien.
BISHOP
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Una carta de despedida
Hola:
Hoy me levanté pensando en cada momento juntos... y créeme no los olvido...
En los errores cometidos, en los que tu cometiste, por los que ahora no se quién fuiste para mí, no sé qué fuimos, ni qué hago yo aquí escribiéndote esta carta, quizás era lo que hacía falta para pasar página, si es que de alguna manera yo pueda pasar página.
Acuérdate de aquel día en que nos vimos, tú como siempre tan frió y reservado y yo simplemente tratando de sacarte una sonrisa, después de horas hablando fue cuando me di cuenta de que era imposible que tú fueras alguien pasajero por mi vida, y mírame aquí estoy sentada en el suelo pensando en ti y en la mejor manera de contarte lo que yo sentí al conocerte, lo que para mí significaron tus palabras en esos momentos y lo que significan ahora, espero que entendieras mi reacción.
Hay millones de maneras de decirle adiós a alguien y tal vez haya escogido la peor pero, de todas formas ¿a quién le importa realmente?
Entonces empezaré por contarte las cosas como yo las viví.
No me acuerdo de la fecha exacta en la que nos conocimos, pero sí me acuerdo de que fue a la una y media de la tarde, salía de una cafetería y me iba ya a casa...un domingo cualquiera; nos chocamos y me tiraste el café encima, me pediste perdón de todas las maneras posibles y al final no sé cómo terminamos juntos todo el día. Después de aquella tarde tú y yo nos veíamos siempre que podíamos y poco a poco nos enamoramos.
No sé en qué momento tú empezaste a mentir...no sé en qué momento todo empezó a ir mal. No te pedía el cielo solo un rato a tu lado, pero empezaste a apartarme de tu vida, de tus secretos, de ti, pensé que era normal, que querías aclararte porque tenías miedo pero cada vez la distancia entre nosotros era mayor y yo me asusté, intenté hablar contigo, te grité, intenté que habláramos pero tú decías que todo estaba bien que me querías como siempre, que yo estaba exagerando.
Y un día desapareciste, sin decir una palabra, te llamé y llamé y tú no respondías, y cuando por fin contestaste el teléfono, no eras tú, era una mujer, yo colgué y dolida esperé a que aparecieras, tardaste una semana y cuatro días en volver.
Al llegar te grité, te dije que ya sabía por qué te habías distanciado, que eras un cobarde y que te odiaba. Tú únicamente asentiste, cogiste tus cosas, no dijiste nada, solo me miraste y te fuiste.
Me llamaron a los tres días, habías muerto de una enfermedad terminal.
Nunca entenderé por qué no fuiste sincero, por qué no me contaste la verdad, por qué cuando te acusé de cobarde y de engañarme no me dijiste que aquella mujer era tu hermana, por qué no quisiste que yo estuviera a tu lado. Espero algún día encontrar las respuestas que busco.
Amanda.
D.
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CARTA DESDE LA INDIA
Muchas veces quisiéramos dejarlo, olvidarlo todo, quizás volver al pasado para arreglar algo que hemos hecho mal o para hacer algo que por miedo dejamos sin terminar…
Eso nos ocurre diariamente, esos sentimientos de rencor, arrepentimiento, rabia recorren cada parte de nuestro cuerpo en varias ocasiones, pero esta vez era distinto, ella lo hizo, lo arriesgó todo pero ya era demasiado tarde, ya estaba todo perdido…se había ido.
Después de una fuerte discusión con su pareja, en un país desconocido para ella sin las personas que necesitaba a su lado, estaba sola con una niña de un año y medio después de haberlo dejado todo para viajar con él donde le ofrecieron aquella oferta de trabajo.
Ellos eran la pareja perfecta, su situación era envidiable, hacía nueve meses que se habían unido en matrimonio y acababan de tener su primer hijo, se notaba en su mirada lo mucho que se querían y se compenetraban mutuamente, o eso parecía.
Un día él recibió una carta, en ella le ofrecían un trabajo en la India, le pagaban una hipoteca y el sueldo era mucho más alto, las cosas eran complicadas y el país bastante inseguro pero aun así prepararon los papeles, organizaron las mudanzas y se trasladaron allí.
Ella lo dejó todo, su familia, su trabajo, sus amigas y viajó con su marido y su hijo hasta la India.
La primera impresión no fue tan desagradable, les acogieron bastante bien, el tiempo era agradable la mayor parte de los días y no les llevó mucho tiempo acomodarse en una casa, no era muy grande pero tenía las comodidades que necesitaban para ellos y para la niña, y para lo que podían pagar estaba bastante bien.
Ella aún no había encontrado trabajo y él ganaba lo normal en aquel país, un sueldo bastante por encima del antiguo, pero aún les costaba acostumbrarse a aquellas extrañas costumbres. Él era tratado como un rey, tenía todas las atenciones donde quisieran que fueran pero ella era ignorada la mayor parte del tiempo.
Con el paso de los meses la niña fue creciendo, ya tenía un año e iba a una guardería con niños de su edad mientras su padre trabajaba y su madre pasaba algunas horas ayudando en una tienda del mercado central donde había encontrado algo de trabajo donde le pagaban unas rupias por hora…no era mucho, bastaba para cubrir algunas de sus necesidades pero aun así el dinero no les llegaba y ella no lograba entenderlo.
Un día al llegar a casa antes del trabajo se quedó sorprendida al encontrar a su marido durmiendo en el sofá, una botella medio vacía de whisky al lado y a su hija llorando en la habitación.
Le habían despedido hacía un par de semanas y eso era a lo que se dedicaba descuidando a su hija por la que ella lo daría todo y gastando el poco dinero que ella conseguía ganar.
El error no fue discutir con él aquella tarde ni decirle todas las cosas que le dijo sino no darse cuenta antes de quién era la persona por la que lo había dejado todo.
Después de escuchar su portazo en la puerta se dirigió a la habitación de su hija con la cara magullada, la abrazó fuertemente y se juró que nadie las separaría nunca.
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LOS JUEGOS DEL HAMBRE
Este libro trata del territorio de los Estados Unidos en el futuro después de una guerra nuclear. El territorio se dividió en 13 distritos, cada uno especializado en una determinada tarea. En estos distritos la gente vivía en la pobreza y casi siempre pasaba hambre. La gente de los distritos tenía que trabajar para el Capitolio. El Capitolio era una ciudad que gobernaba todo el territorio, aquí la gente no sufría pobreza y vivía bien.
Mientras tanto, los distritos tenían que soportar las injusticias del Capitolio. Uno de ellos, el distrito 13, se reveló contra el Capitolio. Hubo muchas guerras hasta que el Capitolio convirtió el distrito 13 en escombros y cenizas. Como castigo por la rebelión, el Capitolio impuso los juegos del hambre. En estos juegos, cada distrito tenía que entregar a dos chicos de entre 12 y 18 años (elegidos aleatoriamente) para que fuesen al Capitolio y se matasen entre ellos. Al ganador se le concederá una vida de riqueza y a su distrito se recompensará con comida.
La protagonista se llama Katniss y vive en el distrito 12, el más pobre. Cuando su hermana pequeña es elegida para participar, Katniss no duda en ocupar su lugar. Comienzan los juegos y los participantes van siendo eliminados. Un vencedor de los juegos anteriores, con función de mentor, aconseja a los luchadores del distrito 12 que finjan estar enamorados pues así incrementar el interés de los juegos. Esta estrategia hace cambiar una regla de los juegos, por la que pueden ganar los dos del mismo distrito, sin tener que combatir entre ellos.
Finalmente, los dos participantes del distrito 12 derrotan a los demás participantes y quedan vencedores, beneficiándose todo el distrito en cuanto a disposición de comida y otros beneficios.
DANIEL VILLOTA
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SOLO UN SUEÑO.
Era como un día cualquiera, estaba sentada en el metro y me fijé en una persona muy peculiar, tenía una cicatriz que le cortaba el rostro y su vestimenta era la del típico sanguinario pirata.
Este supuesto pirata, no era una fantasía, era real y como todo pirata iba en busca de un gran tesoro. Pero qué tesoros puede haber en una ciudad como Madrid. Lo primero que se me vino a la cabeza fue el banco de España y en efecto, casualmente se bajó del Metro en la parada que correspondía a este lugar. Me bajé yo también del metro y le seguí. Paró a comprar una cajetilla de tabaco y se dirigió rápidamente en dirección al banco de España y se detuvo en frente del gran edificio, lo contempló y hubiera entrado si yo no hubiese llamado a la policía acusándole de ladrón. Él no sabía de qué le hablábamos y de repente se acerca a mí el policía y me dice que el supuesto pirata es un turista italiano que se había parado a mirar la fachada del banco de España. Me quedé atónita y oigo una voz:
-Siguiente parada...
¡Qué alivio había sido sólo un sueño!
P.