La única hija de los Vajkay, a
mitad de la treintena, a la que llaman siempre por su apodo, ‘Alondra’, sale
excepcionalmente de viaje a ver a unos parientes. Sus padres no están
acostumbrados a estar sin Alondra, ni ella sin ellos. Ákos “no entendía, ni nunca
había entendido de mujeres, pero tenía la certeza de que su hija era fea”. Pasan
todo el tiempo juntos, al margen de la vida de la pequeña ciudad de Sárszeg,
casi aislados. Cuando ella se marcha en el tren y sus padres quedan en la
estación (maravillosamente narrado al comienzo del capítulo 3) “con la
expresión triste y estúpida de quien acaba de perder algo de manera
inesperada”, se sienten solos, pero poco después descubrirán que pueden
disfrutar de su libertad y de su tiempo, y hasta de los chismorreos de la
ciudad. A pesar de ello no pueden evitar sentirse algo culpables, aunque no
dejen de acordarse constantemente de Alondra.
Hay muchas cosas que los
personajes no dicen en Alondra. En
esta novela, llena de silencios y sobrentendidos, de tantos pensamientos
ocultos que marcan la vida de cada personaje, de tristezas calladas pero
también de humor, Kosztolányi deja una prueba indiscutible de su talento como
narrador, tan admirado por Sándor Márai. Dibuja a los personajes con sutileza,
se entretiene en detalles que pasan de poder ser prescindibles a magistrales (como
la descripción de la orquesta en el teatro).
Alondra no tiene nombre, sin embargo Kosztolányi no se oculta como
narrador, sino que aparece incluso explícito en los epígrafes que presentan
cada capítulo (aquí parecen combinarse las influencias de la narrativa de la
segunda década del siglo XX con la tradición clásica). No necesitamos un truco
de ficción para creernos la historia de los Vajkay, porque es lo
suficientemente hermosa para que nos perdamos en ella y permanezca con nosotros
mucho después de cerrar las páginas del libro.
Una novela que cuenta la historia
de un joven en primer año de carrera, que encuentra su primer trabajo y
experimenta su primera relación amorosa durante el caluroso verano de 1963 en
Granada, parece una propuesta más que apropiada para esta época. Y lo es.
El poeta Luis García Montero
continúa su andadura en la narrativa con esta, a priori, sencilla historia cuyo
protagonista quiere ser escritor. Alentado por su profesor, acepta un trabajo
que le permita ganar algo de dinero y acumular experiencias vitales. A lo largo
del diario de León Egea conocemos este proceso de aprendizaje literario,
amoroso, vital. En la editorial Universo, León comenzará a ofrecer esperanzas
de futuro en cómodos plazos, experimentará el dolor que se siente cuando los
zapatos no ajustan, y encontrará en Consuelo un respiro, un descanso, a la vez
que una frustración que choca contra los miopes principios de una sociedad que
aún ve, como en una pesadilla, las imágenes de una guerra reciente. Como se ve,
nada es aleatorio. Pero León también tiene un pasado: el del provincianismo y
el caciquismo del que huye, de sus relaciones familiares, de la herencia
determinista, de las fronteras invisibles.
La poesía de García Montero
palpita bajo la prosa de Alguien dice tu
nombre, o al revés. Elegancia, belleza, cuidado y sentido del humor se
combinan de forma sencilla, natural. A través de ese lirismo llegamos a la
certeza de que todo lo que nos queda son los recuerdos, porque “todo lo que nos
afecta permanece en nosotros, aunque se pierda en el tiempo”.
El realizador británico Jack
Clayton decidió llevar a la pantalla, tras su primera película Un lugar en la cumbre, la novelita de
Henry James Otra vuelta de tuerca, un
perturbador relato de fantasmas con un fuerte componente psicológico. Aunque en
realidad lo que adaptaba, en parte, era una versión teatral que se había
estrenado con éxito en 1950 bajo el título The
innocents.
Suspense (The innocents), pasa por ser una de las mejores
adaptaciones que se haya hecho de un clásico de la literatura y, concretamente,
del género de terror. Quizás sea así porque consigue trasladar a la pantalla un
texto muy ambiguo, extraño, de naturaleza enigmática, y en cuyos valores
literarios, en su narración y en la voz de su protagonista se sustenta James
para crear el desasosiego y el horror.
En Inglaterra, a finales del
siglo XIX, un terrateniente contrata a una institutriz para que se haga cargo
de sus sobrinos en su mansión familiar. Los niños, Flora y Miles, tienen un
comportamiento tan exquisito como a veces extraño, lo que fascina y perturba a
la institutriz. Todo ello empeora cuando cree ver a los fantasmas de la
anterior institutriz y del jardinero.
La deslumbrante fotografía en
blanco y negro de Freddie Francis, las sombras y las luces que dominan los
encuadres, los espacios vacíos crean una sensación angustiosa. No en vano la
ambientación es uno de los elementos más logrados de la película.
Una de las dificultades de
adaptar la obra es el punto de vista pues, como decía, en la novela de Henry
James sabemos lo que la institutriz (que allí no tiene nombre) cuenta. En la
película de Clayton se consigue que veamos lo que ella ve, y dudemos, como en
el texto, de si los demás, los niños (los inocentes) también lo hacen.
El título del nuevo disco de Tesla, ‘simplicidad’ o ‘sencillez’ (que
no ‘simpleza’) es de los que hablan por sí solos. Tesla no ha sido nunca una
banda que haya abusado (ni usado) adornos ni excesos (“No Machines!”), pero de
simples no han tenido nada. El título se refiere más a lo fundamental, me
atrevo a hablar casi de pureza. En la primera canción, “MP3”, de ritmo potente
y guitarras duras (muy al estilo de los 70), se puede escuchar, casi como algo
testimonial, el rasgado de una guitarra acústica; y no es la única canción en
la que ocurre. Ellos son el estandarte de lo que se está perdiendo (de lo que
estamos perdiendo) en el mundo de las tecnologías que nos usan y no nosotros a
ellas. Y si lo pensamos, en realidad no las necesitamos tanto como creemos. Perdemos
lo fundamental, lo humano, lo sencillo. La materia se desvanece y todo se
vuelve virtual. Al final, como siempre, hay que volver a la esencia. Y Tesla
son la esencia, pues han logrado hacer un disco de grandes canciones con muy
pocos recursos.
Uno se siente afortunado ante la
tarea de reseñar este álbum (nada menos que 14 canciones), porque tiene la
sensación de poder hablar de un disco sobresaliente, que alcanza aquello a lo
que sólo se llega con experiencia, sabiduría y sensibilidad. Y todo por ser tan
sencillo como emocionante, tan directo como cálido, tan eléctrico como natural.
No es fácil encontrar un trabajo
tan lúcido como éste pues, como dije al principio, la tendencia a confundir la
sencillez con la simpleza lo ensucia todo. Esta no es la sencillez del
aficionado, sino la del sabio con experiencia.
Los principios fundamentales de
la banda están al completo en Simplicity,
cada una de sus etapas queda reflejada en el álbum, sus extremos, sus raíces,
sus experimentos, desde su primer disco hasta el último. Por ello pienso que
estamos ante un trabajo medular, que muestra la esencia de Tesla, y casi por
extensión, la esencia del hard rock puro sin aditivos. Así, al escuchar
“Ricochet” uno no reacciona inmediatamente, sino que tiene que esperar a que
esos elementos esenciales alcancen su médula y, al entrar en contacto con ella,
la escucha cobre sentido.
Puro Tesla es el medio tiempo “So
divine…”, pausado en las estrofas y febrilmente rítmico en el estribillo. ¿Cómo
es posible que una voz como la de Jeff
Keith, que podría ser desagradable, se convierta en algo tan
imprescindible? Hay quien escucha una voz potente, con un timbre bonito,
haciendo sensacionales agudos y exclama “¡Qué bien canta!”. Lo que hace Keith
es insustituible y único, y transmite toda la chulería, la rabia y la emoción. En
lugar de disimular o maquillar esos rasgos (voz machacada, timbre de voz) los
refuerza y acentúa, como en el final de “Break of dawn”. Llamémoslo
‘autenticidad’. Eso vale más que muchas voces hermosas. Cantar un tema tan
grande y tan sencillo (otra vez) como “Honestly” (Honestly, I’m just a simple man, doing the best that I can) no es
nada fácil, al menos hacerlo como él. Inconfundible; él es Tesla.
¿Hablamos de las guitarras? Frank Hannon es rock crudo (muy bien
secundado por Dave Rude). Los
dibujos clásicos de la banda saltan desde el comienzo hasta el final, tanto en
los tiempos más rockeros como en los acústicos, y los solos a dos guitarras tan
habituales en el grupo tampoco faltan (“Timebomb”). La producción del disco, asimismo muy cruda,
resalta todos estos elementos que recurren a lo esencial en varios de los solos
(“Other than me”).
Y es que Simplicity es una mina de buena música en la que brillan en medio
de tanta oscuridad (no olvidemos que el disco tiene elementos pesimistas)
canciones semiacústicas, medios tiempos y baladas (algunos se quejarán de su
exceso, ya lo estoy viendo). “Burntout to fade” es absolutamente emocionante, descorazonadora
en su estribillo; e inmediatamente después entra con piano y guitarras la
deslumbrante “Life is a river”, una canción que flota en una sencillísima
melodía que, casi sin cambiar, llega hasta el estribillo para dejar encandilado
a la primera al oyente: Life is a river. Le
it flow. Let the river flow. El solo de guitarra es aún más asombroso, pues
estirando unas pocas notas llena de intensidad una canción (sencillamente)
magnífica.
La matrícula de honor se la
llevan en varias asignaturas, pero en “Break of dawn” no tienen competencia: guitarras
pesadas a lo Bust a nut, sus coros de
críos enrabietados y esa batería de Troy
Luccketta que vuelve loco a cualquiera tras poseer sus cervicales. El
comienzo de “Sympathy” con el bajo de Brian
Wheat lleva el sello de Tesla a fuego en sus compases.
Tesla dejan con Simplicity testimonio de su tiempo. Son
la prueba de que siempre lo nuevo o “moderno” no es mejor. Las emociones son
eternas (no muñequitos amarillos con caritas que sustituyen las palabras). Nada
puede sustituir el sonido de las guitarras ni la emoción de la sencillez. Para
hacer gran música no se necesitan muchos medios. Así de simple.
Cuando dos o más oraciones se encuentran en el mismo nivel sintáctico
dentro de un mismo enunciado se denominan oraciones coordinadas. Estas
oraciones no implican dependencia o subordinación y se unen mediante nexos
(conjunciones) coordinantes.
Según el tipo de nexo que une las oraciones
coordinadas y, por tanto, el tipo de relación semántica que se establece entre
ellas, las oraciones coordinadas se clasifican en: coordinadas copulativas,
disyuntivas o adversativas.
Oraciones coordinadas copulativas: indican
unión o suma entre los significados
de las oraciones; suma las informaciones de cada oración.
NEXOS: y, e, ni.
Tengo cuatro hermanosysoy la menor de ellos
Or.
Coord.. 1 nexo or. coord. 2
Me pidió perdóneinsistió en sus excusas.
Or. Coord.. 1 nexo or. coord. 2
Nime gusta el cineniveo la televisión.
nexo or. Coord.. 1 nexo or. coord. 2
Oraciones coordinadas disyuntivas: expresan
una elección entre dos o más variantes posibles, una alternancia entre los
significados de las oraciones.
NEXOS: o,
u, o bien.
¿Alquilamos una
películaonos vamos a dar un paseo?
or.
coord. 1 nexo or.
coord. 2
Ole pides perdónuÓscar seguirá enfadado.
nexo or. coord. 1 nexo or. coord. 2
O biennos vamos yao biencomemos aquí.
nexo or. coord. 1 nexo or. coord. 2
Oraciones coordinadas distributivas (o disyuntivas discontinuas): cuando
las diferentes opciones presentadas por las oraciones se cumplen
alternativamente.
NEXOS: ya...ya;
tan pronto...como. Ej:
Tan prontolluevecomosale el sol.
nexo or. coord. 1 nexo or. coord. 2
Oraciones coordinadas adversativas: expresan
un contraste u oposición entre los significados de las oraciones, que se
consideran opuestas.
NEXOS: sino
(que) (adversativas excluyentes), pero, aunque (cuando equivale a pero),
mas (adversativas restrictivas).
Es la unión de dos vocales pronunciadas en
la misma sílaba. Se considera que hay diptongo siempre que se da una de las
combinaciones vocálicas siguientes:
Unión de vocal abierta + vocal cerrada, o
viceversa (siempre que la vocal cerrada no sea tónica). Ejemplos:
cambiar fue
salió caimán euro
coincidir
Si la vocal cerrada es tónica
nunca hay diptongo.
Unión de dos vocales cerradas (i, u)
distintas:
viuda ciudad
constituido jesuita
Hemos dicho que a efectos de colocación de la
tilde, la “y” como consonante distinta de “n” ó “s”. Por tanto, no
llevan tilde las palabras agudas terminadas en vocal + y, pero sí
las llanas terminadas en esta grafía. Algunas de las palabras que terminan
en –y cambian esta letra en i al formar el plural. Es importante no
olvidar la tilde en los casos en los que sea necesaria:
jersey ® jerséis
samuray ® samuráis
NOTA: La h no tiene ningún
efecto en los diptongos.
El triptongo
Es la unión de tres vocales pronunciadas
en la misma sílaba. La estructura vocal cerrada + vocal abierta + vocal
cerrada siempre constituyen un triptongo. Ejemplos:
guau averigüéis ensuciáis
Si una de las vocales cerradas es tónica
nunca hay triptongo. Ejemplos:
abríais
temeríais
El hiato
Es una secuencia de dos vocales
pronunciadas en distinta sílaba. Hay hiato siempre que en la unión de vocal
abierta + vocal cerrada o viceversa, la vocal cerrada sea tónica:
día caído
leíste Raúl
También pueden ir unidas dos vocales
cerradas iguales:
Están basadas en las combinaciones sonoras que producen un
efecto sorprendente.
Aliteración: Reiteración de un sonido o de
varios iguales o próximos en un verso o en un párrafo.
En el silencio sólo
se escuchaba
Un susurro de
abejas que sonaba. (Garcilaso de la Vega)
Onomatopeya: Imitación de sonidos reales,
ruidos de movimientos o acciones mediante procedimientos fonéticos: Uco,
uco, uco/abejaruco (Federico García Lorca)
Paronomasia: Semejanza en el sonido de
palabras o grupos de palabras a los que se sitúa cercanos en la oración: Con
dados gana condados (Francisco de Quevedo).
Figuras de nivel morfosintáctico
Están basadas en el orden y en la
repetición de las palabras y de las oraciones, de forma que se resalte el
mensaje que quiere transmitirse.
Anáfora: Repetición de una o varias palabras
al comienzo de una frase o verso, o al comienzo de diversas frases o
versos: Ven, ven muerte, amor; ven pronto...
Anadiplosis: Es la repetición de la última
palabra o sintagma de un verso o de una oración al comienzo de los
siguientes: ...triste hoguera atizada hay en medio del mar,/ del
mar, del mar ardiendo. (Rafael Alberti).
Epanadiplosis. Es la repetición de un
palabra al comienzo y al final de un verso o de una oración: Verde
que te quiero verde... (Federico García Lorca).
Pleonasmo: Empleo de términos similares no
necesarios para entender la idea, pero que pueden tener valor expresivo: Temprano
madrugó la madrugada. (Miguel Hernández); La vi con
mis propios ojos.
Epíteto: Adjetivo ornamental, que no añade
ningún significado al nombre: La dulce vida entre la hierba verde.
(Garcilaso de la Vega)
Asíndeton: Enumeración de términos en la que
se suprimen conjunciones para dar más rapidez, viveza y sensación de
agilidad a la frase: Llegué, vi, vencí.
Polisíndeton: Enumeración en la que se
repiten conjunciones que no son estrictamente necesarias; da un tono
solemne y lento: Tú vuelas, y tú picas, y tú espantas.
Concatenación: Repetición en serie de
palabras; generalmente la última palabra de una frase o verso es la
primera en la frase o verso siguientes, que pone en relieve la
continuidad:
No hay criatura sin amor
ni amor sin celos
perfecto
ni celos libres de engaños
ni engaños sin
fundamento.
Hipérbaton: Alteración del orden lógico o
gramatical de la frase. Sirve para resaltar la belleza de la construcción
o para destacar algún vocablo: Del salón en el ángulo
oscuro. (Gustavo Adolfo Bécquer)
Paralelismo: Repetición de una misma
construcción sintáctica en versos o frases sucesivas:
Por una
mirada, un mundo;
por una sonrisa, un
cielo. (Gustavo Adolfo Bécquer).
Quiasmo. Se trata de la ordenación cruzada
de los elementos que forman dos sintagmas sucesivos: Y pregunto a la
adelfa / y al junco pregunto. (Emilio Prados).
Figuras de nivel semántico
Están basadas en el cambio de
significado de las palabras y lo que esto puede provocar en el lector del texto
literario.
Metáfora: Identificación de dos términos,
uno real (R) y otro imaginario (I) porque entre ellos existe algún
parecido: Puede ser de dos tipos:
-Metáfora impura: cuando aparecen los dos
términos. Las fórmulas son varias: R es I (sus dientes son perlas)
R de I (su boca de fresa), I de R (el llanto de las nubes).
-Metáfora pura: cuando no aparece el término
real: Su luna de pergamino/ preciosa tocando viene (Luna de
pergamino = pandero).
Metonimia. Consiste en designar una realidad
con el nombre de otra con la que tiene alguna relación de proximidad o
contacto; por ejemplo, dar a algo el nombre de una de sus partes, o
viceversa, o nombrar a la persona por su útil de trabajo, o designar el
continente por el contenido: Tomar una copa (el líquido), cabezas
de ganado (animales), los mortales (los hombres).
Símil o comparación: Se ponen en relación
dos términos parecidos mediante el enlace “como”: Tus dientes
son como perlas.
Hipérbole: Exageración de rasgos o
cualidades en seres o acciones: Érase un hombre a una nariz pegado.
(Francisco de Quevedo)
Personificación o prosopopeya: Se trata de
otorgar cualidades de seres animados a inanimados:
Indiferente o cobarde
La ciudad vuelve la espalda.
(Gerardo Diego)
Antítesis o contraste: Oposición de dos
ideas, pensamientos, expresiones o palabras contrarias: Ama
a quien te aborrece.
Paradoja. Consiste en la oposición de
términos aparentemente contradictorios: Verán, ya de regreso, los ciegos / y palpitando
escucharán los sordos. (César Vallejo).
Perífrasis o circunloquio: Se expresa con
varias palabras lo que podría expresarse con pocas o con una: El ave
que dulce muere y en las aguas mora (el cisne). (Luis de Góngora)
Ironía: Se da a entender lo contrario de lo
que se dice: ¡Es tan dulce madrugar!
Sinestesia. Consiste en unir dos realidades
o características que se perciben por diferentes sentidos: La luz
agria / de las calles. (J. R. Jiménez).
Gradación. Se trata de una sucesión de
palabras o ideas, cada una de las cuales amplifica o precisa a la
anterior: Morirse y no poder / hablar, gritar, hacer la gran
pregunta... (Blas de Otero).
Dilogía o silepsis. Es el uso de una palabra
polisémica con dos significados simultáneos: Pasas, y pasa mi mal.
(Gabriel Celaya).