Hace ya algún tiempo puse aquí un texto de Laura Gordon que había escrito sobre el significado del la música en su vida (http://lospoetasdejose.blogspot.com.es/search?q=M%C3%BAsica). Por esas cosas que pasan, que algunos se empeñan en llamar casualidad, el texto lo encontró, o se encontró con, una persona que organiza un festival de música. Ese festival lo rodaba para luego editar un documental. La persona que lo organiza pidió permiso para incluir ese texto, o parte, en su documental. Una vez que lo terminó lo colgó en youtube pero luego desapareció. Ahora vuelve a estar disponible y por eso lo pongo aquí para que lo vean todos aquellos que tengan interés.
La parte del documental en la que aparece el texto de Laura está a partir del minuto 0:12:15.
La escritora argentina Samanta Schweblin ganó
con este libro el IV Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero.
El jurado destacó de sus relatos “la precisión de su estilo, la indagación en
la rareza y el perverso costumbrismo que habita sus envolventes y deslumbrantes
relatos.”
La expresión “perverso costumbrismo” se
ajusta a la perfección a los relatos de Siete
casas vacías. La rareza dentro de la normalidad, lo extraño conviviendo con
lo cotidiano, el terror acechando la rutina. Hay en los relatos de Samanta
Schweblin una amenaza constante que perturba al lector y lo mantiene alerta ante
lo que pueda ocurrir, una anticipación de ese terror cotidiano que puede
reventar en cualquier momento. En las casas vacías de los relatos hay personas que
se comportan de un modo extraño, lejos de ese perfil que entendemos como
“normal”, y que sin embargo tratamos de entender e incluso, llegamos a
comprender. Con ello, el terror se contagia y nos replanteamos si, en realidad,
esas personas son tan extrañas o si podríamos ser nosotros mismos. Estos
personajes no se enfrentan a la realidad
como muchos harían –o haríamos-.
La protagonista de “Nada de todo esto” se cuela en las casas de otras
personas ante la vigilante y perturbadora mirada de su hija a través de cuyos
ojos vivimos la creciente tensión; Javier cuenta en “Mis padres y mis hijos”, casi
más como un testigo con el que nos identificamos, el momento en el que su ex-esposa
pierde los nervios ante la escena de ver a sus suegros desnudos por el jardín
(que además parecen haberse llevado a sus nietos con ellos); la narradora de
“Pasa siempre en esta casa” convive con una vecina que tira continuamente la
ropa de su hijo muerto a su jardín (la pérdida está entre los temas constantes
de estos relatos); Lola se prepara –o
prepara- su muerte haciendo listas y cerrando cajas…
El lector se asoma a estos relatos forzando
la vista, guiñando los ojos, intentando ver lo que parece no verse con
claridad, queriendo entender los porqués de todo lo que ocurre, todo lo que no
se nos cuenta; y a veces mirando de reojo ante lo que pueda ocurrir, no sea que
nos estalle en la cara antes de que nos demos cuenta.
Aparte: puede
funcionar como adverbio, como adjetivo, como sustantivo y como preposición.
a)Como
adverbio significa ‘en otro lugar’: <<De entre ellos puso aparte algunos>>;
y ‘separadamente, por separado’: <<Por
su construcción hay que considerar aparte un grupo […]>>. Con verbos como dejar, poner y similares, aparte
significa también ‘fuera o al margen’: <<Dejando aparte la moral, quizá su negativa […]>>, o sin verbo
<<Bromas aparte…>>.
b)Como
adjetivo significa ‘distinto o
singular’: <<Cada cosa de este
mundo era un caso aparte>>.
c)Como
sustantivo es masculino y se usa normalmente
con el sentido de ‘palabras que, en un texto teatral, dicen uno o más
personajes fingiendo que no las oyen los demás presentes en la escena’.
d)Forma
la locución preposicionalaparte de, que significa ‘al margen de,
con omisión de’: <<Aparte de esto,
la situación general va a agudizarse…>>. Está muy extendido, y es válido,
es empleo de aparte de con el sentido
de ‘además de’: <<Aparte de Bizet,
cultivaron la habanera…>>.
IMPORTANTE: Aparte se escribe siempre en una sola palabra. No debe confundirse con
la combinación ocasional de la preposición a
y el sustantivo parte: <<Se trata de un camino que no conduce a parte
alguna>>.
Son oraciones que han aparecido en exámenes de Selectividad.
Se incorpora una cultura
de siglos que contempla impávida tu pajareo alegre. (Junio 2007-2008. Opción A) Se permitía saltar
encima de un sofá desvencijado al que llamábamos el pobre sofá. (Septiembre 2008-2009. Opción A) El fraude más dañino se
produce cuando los ciudadanos estiman irrelevante su capacidad de control. (Septiembre 2008-2009. Opción B) Se añade que el uniforme acabaría con la comparación entre los alumnos.
(Junio 2009-2010. Opción B) Se dice que César recompensó a cada uno de sus
hombres con un esclavo. (Septiembre 2009-2010. Opción B)
Los argumentos que se basaban en el bienestar de la
familia eran los únicos admitidos. (Junio 2010-2011. Opción B)
¿Cuándo se comienza a escribir un
libro? ¿Cuánto tiempo tardamos en escribirlo? Preguntas fáciles en apariencia,
arduas en realidad. Si me atengo a los hechos exteriores, comencé a escribir
estas páginas en los primeros días de marzo de este año y lo terminé al
finalizar abril: dos meses. La verdad es que comencé en mi adolescencia. Mis
primeros poemas fueron poemas de amor y desde entonces este tema aparece
constantemente en mi poesía. Fui también un ávido lector de tragedias y
comedias, novelas y poemas de amor, de los cuentos de Las mil y una noches a Romeo
y Julieta y La cartuja de Parma.
[…] Hacia 1965 vivía yo en la
India; las noches eran azules y eléctricas como las del poema
que canta los amores de Krisna y Radha. Me enamoré. Entonces decidí escribir un
pequeño libro sobre el amor que, partiendo de la conexión íntima entre los tres
dominios –el sexo, el erotismo y el amor-, fuese una exploración del
sentimiento amoroso. Hice algunos apuntes. Tuve que detenerme: quehaceres
inmediatos me reclamaron y me obligaron a aplazar el proyecto. […]
En diciembre pasado, al reunir
algunos textos para una colección de ensayos (Ideas y costumbres) recordé aquel libro tantas veces pensado y
nunca escrito. Más que pena, sentí vergüenza: no era un olvido, sino una traición.
Pasé algunas noches en vela, roído por los remordimientos. Sentí la necesidad
de volver sobre la idea y realizarla. […] Moví la cabeza, pensando que Quevedo,
en mi lugar, habría aprovechado la ocasión para escribir un soneto satírico.
Procuré pensar en otras cosas; fue inútil: la idea del libro no me dejaba.
Transcurrieron varias semanas de dudas. De pronto, una mañana, me lancé a
escribir con una suerte de alegre desesperación. A medida que avanzaba, surgían
nuevas vistas. Había pensado en un ensayo de unas cien páginas y el texto se
alargaba más y más y con imperiosa espontaneidad hasta que, con la misma
naturalidad y el mismo imperio, dejó de fluir. Me froté los ojos: había escrito
un libro. Mi promesa estaba cumplida.
Europe han encontrado a Europe después de una búsqueda que nos ha
dejado, tras el proceso de descubrimiento, una colección de discos
extraordinarios. Hemos asistido a un interesantísimo proceso de búsqueda de la
identidad de una banda con éxito, de universal popularidad (aunque limitada en
el conocimiento verdadero de la misma), y que ha tenido la posibilidad, la
incomparable oportunidad de forzar sus límites y encontrarse en su auténtica
personalidad, sus naturales inquietudes artísticas, y descubrir así que aquello
que siempre fueron no es lo que son, que lo que creíamos que eran ahora era sólo
el camino a recorrer, y que lo que son en realidad es más brillante, asombroso,
valiente y hermoso de lo que nunca llegamos
a imaginar, algo que ellos mismos posiblemente sólo sospechaban o intuían.
Como decía, el camino no ha sido estéril,
pues hemos podido ser testigos de ese proceso de creación que nos ha llevado
por momentos maravillosos y emocionantes marcados en cuatro excelentes trabajos
que, estoy convencido, van a quedar en el tiempo y cuyos futuros descubridores
disfrutarán dentro de algunos años. De las vertientes más actuales al clasicismo
más descarado, al final con War of Kings
han alcanzado el equilibrio más sabio, elegante y personal que puede ofrecer
actualmente la banda sueca, con todos sus miembros en un momento de, y esto es
lo que más atractivo me parece, absoluta, total e indiscutible inspiración. Joey Tempest ha logrado ese punto
necesario que buscaba para cantar canciones a las que parecía no terminar de
adaptarse por su natural registro y estilo. Ahora, con la voz un poco quebrada
y más sabiduría, canta como nunca sin perder nada de su reconocibles rasgos. John Norum se luce particularmente en
este álbum: sus solos son todos antológicos, con unas entradas extraordinarias,
repletos de melodías y cambios que beben tanto de sus intocables ídolos
clásicos como de su ADN formado en los 80. El teclado de Mic Michaeli está por fin donde le corresponde, pues en los
anteriores discos había quedado excesivamente en segundo plano, demasiado atrás
en la mezcla; ahora enriquece y perfila cada canción aportando ese indiscutible
aire 70’s. El discreto John Levén se
despeina en más de una ocasión dibujando líneas originales y diferentes, muchas
veces durante los solos. Y la batería de Ian
Haugland suena más cruda y directa que antes.
Con todo esto y una producción
muy cálida se han creado unas canciones sobresalientes. Cada una de ellas da un
paso más en la historia de la banda con respecto a lo escuchado hasta ahora, y
alcanzan la excelencia en muchas de ellas. Ya la canción de presentación y que
abre el disco dando título al álbum es lo suficientemente reveladora: riqueza
cromática, cambios en la ejecución, arpegios luminosos, un estribillo que
funciona como un trampolín emocional… “California 405” parece una versión
depurada de “Start from the dark” y se han atrevido a componer su propio
“Doctor Doctor” con “Days of rock ‘n’ Roll”, que es casi una canción metamusical. Así como “Praise you”
evidencia (y no es la única) una clara influencia de bandas como Deep Purple. “Hole in my pocket”
muestra restos de su magistral Secret
society, aquí con un sonido menos contemporáneo, más clásico; igual que la
melancólica balada “Angels (with broken hearts)”. Y tocan la gloria con “The
second day”, una composición excelente de un gusto bestial y una gran intensidad,
con todos los instrumentos brillando y con un John Norum inspiradísimo, igual
que Michaeli, que aquí hace que la canción se eleve mucho más.
Para descubrimiento y gozo de los
aficionados dejo el resto, como la maravillosa instrumental “Vasastan”, la canción
detrás de la que sospecho llevaban mucho tiempo, compuesta por Michaeli y
Norum.
Posiblemente War of kings sea el mejor
disco que han grabado Europe hasta la fecha, y muestra lo que es ser un
clásico: no se trata de sonar antiguo, sino que supone, por encima de todo, ser
intemporal.
Existen acontecimientos en el
mundo que han hecho que éste sea como es para muchas personas. La existencia
del mundo que conocemos consecuencia de nuestra experiencia es como es por las
cosas que han pasado, a cada uno de nosotros y como sociedad. Una vez que ha
sido así, somos reacios a cambiarlo, especialmente si esos acontecimientos nos
han proporcionado una vida mejor, o nos han regalado momentos particularmente
felices. Quizás las cosas son así porque así deben ser, y aquello que hace bien
a las personas debe permanecer. Posiblemente esa sea su esencia.
Por ello, tengo la sensación de
tener esta reseña escrita desde hace tiempo, desde hace años, antes de que los
propios músicos de Thunder
volviesen, antes incluso de que lo supiesen, porque sabía que iba a ocurrir
(¿acaso ellos no?), pues era necesario. El universo busca su equilibrio, como
se decía en esa fantástica novela de Stephen
King, 22/11/63. Sin Thunder en el
planeta el universo pierde equilibrio.
Es difícil valorar un disco de
los británicos porque su música está más allá de cualquier valoración. Pueden
estar más o menos inspirados, haber acertado más o menos, pero sus discos son
siempre una satisfacción, un placer artístico que hace nuestros días mejores
durante una buena temporada. Su sonido único, sus interpretaciones tan
personales, sus composiciones reconocibles entre millones, la voz de Danny Bowes llena de matices, la
imprescindible base rítmica de Chris Childs
al bajo y la batería de Harry James,
repleta de dinamismo, energía e intensidad; el sonido incomparable de las
guitarras de Luke Morley y Ben Matthews (a pesar de que todas las
guitarras del disco las ha grabado Morley, no hay una sola alusión a ello en el
disco y ahí aparece Matthews, que se recuperaba de su enfermedad, junto a sus
compañeros: guitarra y teclados. Toma amistad).
El disco se presenta como una
mirada hacia el pasado, a esos wonder
days de la juventud (representados en la mejor portada de la banda en
muchos años) cuyos recuerdos nostálgicos impregnan el disco en todos los tonos,
tanto en las letras como en la música: melancolía, alegría, emoción, tristeza. Todo
esto se puede apreciar y resumir en los seis minutos de la fantástica “When the
music played”: los recuerdos de comienzos de los 70, cuando un chico se
compraba un disco, memorizaba todas las letras y pensaba que cada portada era
una ventana a otro mundo. A la mitad de la canción hay un puente en el que se
reproduce el dibujo con las guitarras de muchas de las canciones a las que se
podrían estar refiriendo. Y unos delicadísimos coros que elevan la canción a un
nivel superior. ‘Cause it’s been so long and it’s still so
strong / that nothing else can get to me the same / So I close my eyes and I
turn back time / and go back, back when the music played.
Quizás sea el disco más Led Zeppelin que han grabado, aunque no
sólo es esta banda la que sirve de inspiración a Wonder days. Son los propios Thunder los que se homenajean a sí
mismos en esta especie de autobiografía musical, y lo mejor es empezar por el
principio: la canción que abre el disco, “Wonder days”, comienza prácticamente
igual que lo hacía su primer trabajo Backstreet
symphony con “She’s so fine”. Ésta es una pieza que incluye todos los
registros de la banda: el rock & roll clásico, el hard rock, la
contundencia y las melodías, enriquecido con un solo de Morley que ha
encontrado una idea feliz en un sonido casi psicodélico. Los Zeppelin se
aparecen en varias pistas del disco, o en muchas, como en “The rain”, con
mandolina incluida, o en el rock & roll final “I love the weekend” (donde puede
reconocerse a media historia del rock); el ritmo cabalgante de “Aquiles last
stand” se materializa en “The prophet” mezclado con las estructuras de “The
song remains the same”. De ahí podemos llegar a “Serpentine”, que recuerda un
montón a “La grange” de ZZ Top.
En cuanto a heterogeneidad del
álbum, podría ser un disco cercano al tan maravilloso como incomprendido Giving the game away: medios tiempos,
rock & roll, baladas selladas en el pentagrama con la combinación de
notas marca registrada Thunder (“Broken
again”) y canciones semiacústicas.
Quizás alguno pueda pensar que no
hay nada original en Wonder days, y
quizás, en su propia visión de la vida y de la música tenga razón. Pero
permítaseme decir que eso es sólo lo que se observa en la superficie. Este
disco es más que un conjunto de canciones de rock, más que el nuevo disco de
una banda clásica, más que el regreso de una excelente formación de hard rock.
Sé lo que es pero no lo puedo explicar, al menos no mejor de lo que ellos lo
han hecho en este disco. El universo vuelve a estar en equilibrio.