martes, 14 de octubre de 2014
Modelo de examen para la P.A.U. 2014-2015
A continuación os dejo el enlace al examen propuesto como modelo para este año por la comisión de la materia de Lengua y Literatura:
http://www.uam.es/estudiantes/acceso/docs/acceso/coordinadores/modelos/lengua.pdf
MR. BIG - ...The stories We could tell (2014)
ERIC MARTIN: CANTANTE
PAUL GILBERT:
GUITARRA
BILLY SHEEHAN: BAJO
PAT TORPEY: BATERÍA
Casi por sorpresa se anunció la
publicación de un nuevo trabajo de los imprescindibles Mr. Big. Y digo sorpresa aunque no lo sea en realidad, porque al
ritmo de información al que estamos acostumbrados actualmente, ha llegado a ser
habitual que sepamos que cualquier músico o banda va a publicar un disco desde
que prácticamente lo han pensado, y para ello puede pasar más de un año (mucho
más a veces) hasta que se publica dicho álbum. En el caso de Mr. Big es una
sorpresa que trae adherida otra no tan agradable: la retirada de los escenarios
de Pat Torpey debido a que ha sido
diagnosticado de Parkinson, el cual será reemplazado para la gira mundial por Matt Starr.
El nuevo álbum de la banda
americana, si tomamos como referencia su brillante What if… (esos puntos suspensivos podrían enlazar con los del
título del nuevo y completar un ciclo), es más blues rock que hard rock. Las
huellas 70’s de la banda se aprecian de un modo más nítido en …The stories we could tell, pero no como
una vuelta a las raíces ni nada por el estilo, sino conservando su esencia como
grupo de rock nacido en la frontera de los 80 con la década posterior, con un
guitarrista y un bajista que deslumbraron en el momento en el que explotaron
los instrumentistas virtuosos y cuya herencia llevan muy a gala. Por ello, es
posible que algunos aficionados se sientan extrañados al escuchar algunas de
las canciones de este álbum, pues los ritmos y acordes, así como las entradas
de guitarra son totalmente 70’s impregnados, esos sí, del ADN Mr. Big, plagado
de melodías e inmediatez, una inmediatez que es como una cata: así es como sabe
un poquito, pero si quieres disfrutarlo de veras, toma más, poco a poco,
paladeando despacio y con frecuencia.
Esta misma idea es reconocible es
los fantásticos, sabrosos, ingeniosos, brillantes y gozosos solos de Paul Gilbert, exhibiciones nada
narcisistas que dejan a la vista los vestigios musicales de los que se nutre el
artista: las raíces clásicas del blues y el rock & roll y el hard rock de
técnica impecable de los 80. Con ello tenemos unos solos de guitarra que hacen
que algunas de las canciones del disco, no tan inspiradas, ganen interés por la
llegada de “su momento”.
Casi todo el esqueleto del nuevo
disco de Mr. Big está compuesto por engranajes de blues rock recubierto de piel
hardrockera. La primera canción del disco, y la primera que ha podido
escucharse, “Gotta love the ride”, lo atestigua: mezcla perfecta, inspiración
tradicional y ejecución respetuosa con quienes son, aunque abandonando
ligeramente ese feeling hard rock.
Asimismo los ritmos funkies están
presentes en la construcción y los acordes de “I forget to breathe”. Para
completar el menú puede tomarse “Satisfied”, adictiva donde las haya, con un groove brutal por parte de la base
rítmica y el juego dialógico de cantante/guitarra.
Quien quiera disfrutar de los Mr.
Big más reconocibles de los medios tiempos, con gracia, elegancia y clase los
puede encontrar en la imprescindible “Fragile”: pegadiza, con ese tempo mágico de la banda para este tipo
de canciones. Y enlazando con los temas lentos, las baladas del disco, nos
encontramos con la parte más débil del mismo. “The man who has everything” es
una canción rutinaria que quiere alcanzar algo de intensidad con unos arreglos
orquestales artificiales. Mucho mejor es “Just let your heart decide”, aunque
no demasiado original, ejecutada con la sabiduría de estos cuatro músicos. Me
reservo en este apartado una debilidad personal que se llama “East/West”, medio
tiempo semiacústico que bien podría entrar en la lista de cualquier emisora de
radio como hicieron otras canciones de su carrera. Sin duda, de las primeras en
quedar en el recuerdo del receptor por ese bonito estribillo y el sonido de
guitarras acústicas.
Tengo la sensación de que el bajo
de Sheehan ha quedado en este disco
en un segundo plano, más discreto que en anteriores ocasiones. Quizás se deba a
lo que he comentado sobre la estructura clásica de las canciones cuya
naturaleza no da cabida tan fácilmente al exhibicionismo técnico de la base
rítmica. Eso no significa que Sheehan no esté tan magnífico como siempre: la
discreción también es una virtud.
Canciones como “The Light of day”
(aquí sí tenemos un minijuego de bajo/guitarra marca Mr. Big), “Cinderella
smile” o “What if we were new” (con un Pat Torpey que es capaz de convertir la
música y el ritmo en cuerpo líquido) refuerzan la idea de rock & roll a la
que Eric Martin aporta su reconocido
e insustituible talento, presente durante todo el álbum. Un álbum que supone un
disfrute completo lleno de clase y sabiduría que dura más de lo que indican los
créditos de las canciones.
Texto para comentar de Rosalía de Castro (2º de bachillerato)
Del
mar azul las transparentes olas
mientras
blandas murmuran
sobre
la arena, hasta mis pies rodando,
tentadoras
me besan y me buscan.
Inquietas
lamen de mi planta el borde,
lánzanme
airosas su nevada espuma,
y
pienso que me llaman, que me atraen
hacia
sus salas húmedas.
Mas
cuando ansiosa quiero
seguirlas
por la líquida llanura,
se
hunde mi pie en la linfa transparente
y
ellas de mí se burlan.
Y
huyen abandonándome en la playa
a
la terrena, inacabable lucha,
como
en las tristes playas de la vida
me
abandonó inconstante la fortuna.
Rosalía de Castro. En las orillas de Sar (1884)
Rima de Bécquer para comentar (4º ESO)
RIMA
LII
Olas gigantes que os rompéis bramando
en
las playas desiertas y remotas,
envuelto
entre la sábana de espumas,
¡llevadme con vosotras!
Ráfagas de huracán que arrebatáis
del
alto bosque las marchitas hojas,
arrastrado
en el ciego torbellino,
¡llevadme con vosotras!
Nube de tempestad que rompe el rayo
y
en fuego ornáis las sangrientas orlas,
arrebatado
entre la niebla oscura,
¡llevadme con vosotras!
Llevadme, por piedad, a donde el vértigo
con
la razón me arranque la memoria.
¡Por
piedad! ¡Tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!
G. A. Bécquer
jueves, 9 de octubre de 2014
Rima de Bécquer para comentar. (2º de bachillerato)
RIMA XXVIII
Cuando entre la sombra oscura,
perdida una voz
murmura
turbando su triste
calma,
si en el fondo de
mi alma
la oigo dulce
resonar,
dime: ¿es que el viento en sus giros
se queja, o que tus
suspiros
me hablan de amor
al pasar?
Cuando el sol en mi ventana
rojo brilla a la
mañana,
si en mi boca de
otra boca
sentir creo la
impresión,
dime: ¿es que ciego deliro,
o que un beso en un
suspiro
me envía tu
corazón?
Y en el luminoso día
y en la alta noche
sombría,
si en todo cuanto
rodea
al alma que te
desea,
te creo sentir y
ver,
dime: ¿es que toco y respiro
soñando, o que en
un suspiro
me das tu aliento a
beber?
Gustavo Adolfo Bécquer
lunes, 29 de septiembre de 2014
Paul AUSTER. Discurso en la entrega del Premio Príncipe de Asturias de las letras. (2006)
No sé por qué me dedico a esto.
Si lo supiera, probablemente no tendría necesidad de hacerlo. Lo único que
puedo decir, y de eso estoy completamente seguro, es que he sentido tal
necesidad desde los primeros tiempos de mi adolescencia. Me refiero a escribir,
y en especial a la escritura como medio para narrar historias, relatos
imaginarios que nunca han sucedido en eso que denominamos mundo real. Sin duda
es una extraña manera de pasarse la vida: encerrado en una habitación con la
pluma en la mano, hora tras hora, día tras día, año tras año, esforzándose por
llenar unas cuartillas de palabras con objeto de dar vida a lo que no existe?,
salvo en la propia imaginación. ¿Y por qué se empeñaría alguien en hacer una
cosa así? La única respuesta que se me ha ocurrido alguna vez es la siguiente:
porque no tiene más remedio, porque no puede hacer otra cosa.
Esa necesidad de hacer, de crear,
de inventar es sin duda un impulso humano fundamental. Pero ¿con qué objeto?
¿Qué sentido tiene el arte, y en particular el arte de narrar, en lo que
llamamos mundo real? Ninguno que se me ocurra; al menos desde el punto de vista
práctico. Un libro nunca ha alimentado el estómago de un niño hambriento. Un
libro nunca ha impedido que la bala penetre en el cuerpo de la víctima. Un
libro nunca ha evitado que una bomba caiga sobre civiles inocentes en el fragor
de una guerra. Hay quien cree que una apreciación entusiasta del arte puede
hacernos realmente mejores: más justos, más decentes, más sensibles, más
comprensivos. Y quizá sea cierto; en algunos casos, raros y aislados. Pero no
olvidemos que Hitler empezó siendo artista. Los tiranos y dictadores leen
novelas. Los asesinos leen literatura en la cárcel. ¿Y quién puede decir que no
disfrutan de los libros tanto como el que más?
En otras palabras, el arte es
inútil, al menos comparado con, digamos, el trabajo de un fontanero, un médico
o un maquinista. Pero ¿qué tiene de malo la inutilidad? ¿Acaso la falta de
sentido práctico supone que los libros, los cuadros y los cuartetos de cuerda
son una pura y simple pérdida de tiempo? Muchos lo creen. Pero yo sostengo que
el valor del arte reside en su misma inutilidad; que la creación de una obra de
arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta, y
lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos. Hacer algo por puro
placer, por la gracia de hacerlo. Piénsese en el esfuerzo que supone, en las
largas horas de práctica y disciplina que se necesitan para ser un consumado
pianista o bailarín. Todo ese trabajo y sufrimiento, los sacrificios realizados
para lograr algo que es total y absolutamente inútil.
La narrativa, sin embargo, se
halla en una esfera un tanto diferente de las demás artes. Su medio es el
lenguaje, y el lenguaje es algo que compartimos con los demás, común a todos
nosotros. En cuanto aprendemos a hablar, empezamos a sentir avidez por los
relatos. Los que seamos capaces de rememorar nuestra infancia recordaremos el ansia
con que saboreábamos el cuento que nos contaban en la cama, el momento en que
nuestro padre, o nuestra madre, se sentaba en la penumbra junto a nosotros con
un libro y nos leía un cuento de hadas. Los que somos padres no tendremos
dificultad en evocar la embelesada atención en los ojos de nuestros hijos
cuando les leíamos un cuento. ¿A qué se debe ese ferviente deseo de escuchar?
Los cuentos de hadas suelen ser crueles y violentos, describen decapitaciones,
canibalismo, transformaciones grotescas y encantamientos maléficos. Cualquiera
pensaría que esos elementos llenarían de espanto a un crío; pero lo que el niño
experimenta a través de esos cuentos es precisamente un encuentro fortuito con
sus propios miedos y angustias interiores, en un entorno en el que está
perfectamente a salvo y protegido. Tal es la magia de los relatos: pueden
transportarnos a las profundidades del infierno, pero en realidad son
inofensivos.
Nos hacemos mayores, pero no
cambiamos. Nos volvemos más refinados, pero en el fondo seguimos siendo como
cuando éramos pequeños, criaturas que esperan ansiosamente que les cuenten otra
historia, y la siguiente, y otra más. Durante años, en todos los países del
mundo occidental, se han publicado numerosos artículos que lamentan el hecho de
que se leen cada vez menos libros, de que hemos entrado en lo que algunos
llaman la "era posliteraria". Puede que sea cierto, pero de todos
modos no ha disminuido por eso la universal avidez por el relato. Al fin y al
cabo, la novela no es el único venero de historias. El cine, la televisión y
hasta los tebeos producen obras de ficción en cantidades industriales, y el
público continúa tragándoselas con gran pasión. Ello se debe a la necesidad de
historias que tiene el ser humano. Las necesita casi tanto como el comer, y sea
cual sea la forma en que se presenten "en la página impresa o en la
pantalla de televisión", resultaría imposible imaginar la vida sin ellas.
De todos modos, en lo que
respecta al estado de la novela, al futuro de la novela, me siento bastante
optimista. Hablar de cantidad no sirve de nada cuando nos referimos a los
libros; porque no hay más que un lector, sólo un lector en todas y cada una de
las veces. Lo que explica el particular influjo de la novela, y por qué, en mi
opinión, nunca desaparecerá como forma literaria. La novela es una colaboración
a partes iguales entre el escritor y el lector, y constituye el único lugar del
mundo donde dos extraños pueden encontrarse en condiciones de absoluta
intimidad. Me he pasado la vida entablando conversación con gente que nunca he
visto, con personas que jamás conoceré, y así espero seguir hasta el día en que
exhale mi último aliento.
Nunca he querido trabajar en otra
cosa.
viernes, 26 de septiembre de 2014
"Poeta en Nueva York" en La mitad invisible.
El programa de TVE La mitad invisible dedicó, hace unos días, su emisión a Poeta en Nueva York de Federico García Lorca.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


