martes, 13 de octubre de 2015

Textos románticos de 4º ESO


A continuación dejo algunos de los textos que habéis enviado inspirados por la pintura de Friedich. De regalo, una fotografía de la visita al Museo del Romanticismo.



Él busca, entre las olas, una respuesta, una solución, o quizás tranquilidad. Serena, dulce, y al mismo tiempo, amarga.

Parece haber llegado de un gran duelo, y estar reflexionando sobre ello.

Parece concentrado, al mismo tiempo que triste. ¿Y qué hace este señor sobre una roca? ¿Tan parado y apacible? ¿Tan sereno e imperturbable? ¿Tan sosegado e indolente?

¿Son sus pensamientos los que le han llevado hasta ahí, o no son más que simples cavilaciones?
¿Qué especula, qué observa, qué quiere?

¿Será un gran amor prohibido? ¿Una simple pérdida? ¿Recuerdos imborrables? ¿Y por qué tanto misterio, tanta tristeza?

Algo oculta, con claridad, que al mismo tiempo quiere mostrar, pero no hay vestigios de su exacta condición.

Así pues, dejo vacía la pregunta, la cual espera respuesta inescrutable.


Ana G.



Y después de todo por lo que había pasado Eric, ahí estaba, sólo, divisando ese mar de nubes que se agitaba embravecido ante sus ojos, con olas de niebla que chocaban contra las altas montañas.

Él, sin embargo, no sentía la tempestad de ese mar que le rodeaba; no sentía la belleza del paisaje que contemplaba; no sentía el miedo de estar al borde de la montaña más alta. Simplemente, no sentía.

Tenía la mirada fija en algún lugar del horizonte. Pensaba si había valido la pena todo su esfuerzo, todo su amor. Intentaba encontrarle sentido a todo, pero no lo conseguía. Para él, el sentido de la vida había muerto junto con su querida esposa.

De hecho hacía unas horas, en el funeral de su mujer había dicho:

    “Sin ti, amor mío
no soy nada, estoy vacío.
Juré ante Dios,
 nuestro Señor
estar siempre contigo,
 y sin embargo,
aquí estoy y te digo:
Espérame allí donde estés,
que pronto contigo me reuniré.”

Entonces, Eric creyó ver a su mujer como un ángel ante él, esperándole, y sin temor a la muerte dio un paso más. Estaba a tan sólo unos centímetros de una caída que acabaría con su vida sin sentido, pero se sujetaba gracias a bastón que llevaba hoy, a juego con su mejor traje; aunque nada de eso importara.

El ángel, bello y luminoso, seguía allí. Eric empezó a llorar y dirigiéndose al ángel dijo: “Voy”. Y justo cuando iba a dar su último paso, escuchó que alguien decía: “Papá, espera, no te tires por favor, te necesito.”

Y fue entonces cuando recordó que no estaba sólo, que tenía una preciosa hija de cabellos dorados que le esperaba a la sombra de un manzano cercano, y sin pensárselo dos veces retrocedió lentamente y vio a su niña. Era igual que su madre. Y por fin supo lo que tenía que hacer. La abrazó. 

Arelis




Me desperté exaltado, no sabía qué me había pasado durante la larga noche. No le di importancia; me senté en la cama y me levanté. Me sentía muy incómodo ya que no recordaba en ese momento qué hacía vestido de aquella manera.

Por la mañana al salir de casa todo el mundo me miraba por alguna extraña razón que no sabía explicar. Hasta que una niña pequeña que iba con su madre dijo: “Mamá es ese señor; es el viajero”. Al escuchar esto fui rápidamente a mi precioso y relajado lugar para intentar entender qué es lo que ocurría.

No sabía por qué pero todo el rato pensaba en lo que había pasado antes; pero no en lo que dijo la niña sino en aquella mujer. Todo el rato pensaba en ella; en su pelo rubio rizado, en sus ojos tranquilos y serenos.
Cuando de repente se acerca la niña de antes y se sienta a mi lado. Me di la vuelta pero no estaba su madre ni nadie que la buscara.

Le pregunté: “¿Niña, te has perdido?” y me dijo: “No”; muy tranquila.
Después de un tiempo en silencio los dos, me dijo la niña: “Tú si te has perdido”; yo no entendía nada pero seguidamente continuó hablando: “Sí señor, usted se ha perdido. ¿Verdad que desde que hoy salió de su casa estaba completamente descolocado?”. Seguí escuchándola y le respondí: “Niña no sé de qué me estás hablando”. Seguidamente ella dijo: “ Sí, usted sabe perfectamente de lo que le estoy hablando señor. Usted no se querrá acordar pero ayer de madrugada estaba asomada en mi balcón y le vi pasar. Se sentó justo aquí y empezó a mirar durante un largo tiempo este mar enneblecido.  No sé por qué pero de repente vi cómo empezaba a caminar sin ningún rumbo fijo; se le notaba que estaba pensando en alguien ¿verdad?”.

No sabía cómo esta niña tan pequeña podría estar diciéndome esto, pero de todas formas le respondí: “ Sí, bueno, la verdad...” Cuando me dijo: “Claramente sí, señor estaba pensando en mi madre”.
Le pregunté: “¿Cómo sabes eso tú niña?”, cuando me dijo: “ Porque a mi madre Niebla le ocurre lo mismo. Últimamente le ve todas las madrugadas, igual que le veo yo ahí pensando”.
Le dije a la niña: “ Lo que me estás tratando de decir es que Niebla, tu madre, ¿piensa en mí?.  Respondió la niña: “Correcto señor.”
De repente se oye una voz por detrás: ¡Hija, hija! , era Niebla buscando a su hija desesperada. De pronto se acercó Niebla y me dijo: “Muchas gracias señor por estar con mi hija, últimamente no sé qué le ocurre”.
Le respondí: “De nada mujer, hemos estado muy bien acompañados; hasta otro día”.

Ya se fueron y me quedé de pie mirando aquel exótico paisaje.
Yo solo frente al mar de NIEBLA.

BEATRIZ MARTÍN MARTÍN 





Y allí estaba admirando la niebla, como mar enfurecido en una tormenta; no sabía qué hacía ni cómo había llegado hasta aquel hermoso lugar, pero sentía una enorme presión en el pecho por la cual me costaba respirar.

Tenía el rostro mojado, me escocían los ojos, tenía la nariz colorada; todo indicaba que había soltado alguna que otra lágrima pero yo no lo recordaba.
Empecé a pensar.

Había sido un duro día: aquella mañana me desperté sobresaltado. Escuché gritos en la calle: “¡La novia ha llegado!”. El rostro de aquella mujer estaba tapado con un largo velo blanco pero creía conocerla. Me acerqué. Ella puso cara de melancolía y me miró tiernamente a los ojos ¿Por qué me miraba así?

Aunque no sabía el porqué de esa mirada de ternura y compasión me hizo empezar a pensar.
Pensando llegaría a este lugar ya que no recuerdo el camino. El lugar en el que me encontraba me transmitía calma y paz para poder pensar en aquella mujer a la que acababa de ver con ese esplendoroso vestido blanco.

Tenía lagunas en la memoria, recordaba vagamente ese rostro y pensé: la vi en un bar, en una fiesta…
 Entonces recordé.

Recordaba aquella cara aunque más joven, con aparato dental y con algún que otro granito; pero era ella, definitivamente; ella no era la más popular ni la más lista pero para mí era la chica más guapa del colegio; ella era la chica que me abrió su corazón y la que fue mi primer amor.

Carlota Atienza




El sabio llegó hasta aquel acantilado, atravesando un camino interminable hasta su fin.

Había visto cosas impactantes, desde el nacimiento de una rosa, hasta la muerte de la misma. Había sentido amor y dolor, pero sobre todo una soledad inhumana que se apoderaba de él a cada paso que daba. A cada paso que había dado.

 Había tratado de encontrar la respuesta a una simple pregunta: ¿Por qué no alcanzamos la inmortalidad ?

La respuesta era sencilla. Porque al final todos deseamos morir, todo es efímero, inconstante, todo pasa y cambia. Pero lo único atemporal, lo único que no cambia, es la muerte.

Y tras esta deducción el Sabio saltó al vacío, realizando el último cambio que habría en su vida.

Celia Critikián




El viajero se acomodó sobre la roca. No sabía muy bien por qué había terminado allí, solo. Quería cubrir espacios en blanco que aparecieron en su cabeza hace solo unos días.

Meditaba y meditaba sobre sus abrumadores pensamientos, estaba confuso y tenía un sentimiento de soledad, de lejanía hacia el mundo y estar en aquellos espacios de la naturaleza le hacía reflexionar todavía más, le hacía pensar  y meditar sobre el universo, como si algo o alguien le hubiera llevado hasta ese terreno donde estaba en aquellos momentos. Su transfiguración era inmediata, su cambio de ánimo fue inminente, había subido allí para aclarar sus ideas, pero se encontró con tal paisaje y tantos sentimientos se le vinieron a la cabeza, que solo pudo dar un paso sobre la roca donde se encontraba. Y suspiró, apreció ese lugar que tan conmovedor le pareció donde cabían más emociones que preocupaciones.

Mónica Poza


miércoles, 30 de septiembre de 2015

Romanticismo. C. D. Friedich: "El viajero frente al mar de niebla". (1818)


Os dejo este cuadro de Friedich que nos va a servir para ilustrar el Romanticismo. A partir de él realizaremos una actividad que os propondré más adelante.




domingo, 20 de septiembre de 2015

VEJER MOVING, LA PELÍCULA. (CON TEXTO DE LAURA GORDON).


Hace ya algún tiempo puse aquí un texto de Laura Gordon que había escrito sobre el significado del la música en su vida (http://lospoetasdejose.blogspot.com.es/search?q=M%C3%BAsica). Por esas cosas que pasan, que algunos se empeñan en llamar casualidad, el texto lo encontró, o se encontró con, una persona que organiza un festival de música. Ese festival lo rodaba para luego editar un documental. La persona que lo organiza pidió permiso para incluir ese texto, o parte, en su documental. Una vez que lo terminó lo colgó en youtube pero luego desapareció. Ahora vuelve a estar disponible y por eso lo pongo aquí para que lo vean todos aquellos que tengan interés. 

La parte del documental en la que aparece el texto de Laura está a partir del minuto 0:12:15.




lunes, 22 de junio de 2015

"Siete casas vacías", de Samanta SCHWEBLIN (Páginas de espuma, 2015)




La escritora argentina Samanta Schweblin ganó con este libro el IV Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero. El jurado destacó de sus relatos “la precisión de su estilo, la indagación en la rareza y el perverso costumbrismo que habita sus envolventes y deslumbrantes relatos.”

La expresión “perverso costumbrismo” se ajusta a la perfección a los relatos de Siete casas vacías. La rareza dentro de la normalidad, lo extraño conviviendo con lo cotidiano, el terror acechando la rutina. Hay en los relatos de Samanta Schweblin una amenaza constante que perturba al lector y lo mantiene alerta ante lo que pueda ocurrir, una anticipación de ese terror cotidiano que puede reventar en cualquier momento. En las  casas vacías de los relatos hay personas que se comportan de un modo extraño, lejos de ese perfil que entendemos como “normal”, y que sin embargo tratamos de entender e incluso, llegamos a comprender. Con ello, el terror se contagia y nos replanteamos si, en realidad, esas personas son tan extrañas o si podríamos ser nosotros mismos. Estos personajes no se enfrentan a la realidad  como muchos harían –o haríamos-.  La protagonista de “Nada de todo esto” se cuela en las casas de otras personas ante la vigilante y perturbadora mirada de su hija a través de cuyos ojos vivimos la creciente tensión; Javier cuenta en “Mis padres y mis hijos”, casi más como un testigo con el que nos identificamos, el momento en el que su ex-esposa pierde los nervios ante la escena de ver a sus suegros desnudos por el jardín (que además parecen haberse llevado a sus nietos con ellos); la narradora de “Pasa siempre en esta casa” convive con una vecina que tira continuamente la ropa de su hijo muerto a su jardín (la pérdida está entre los temas constantes de estos relatos);  Lola se prepara –o prepara- su muerte haciendo listas y cerrando cajas…


El lector se asoma a estos relatos forzando la vista, guiñando los ojos, intentando ver lo que parece no verse con claridad, queriendo entender los porqués de todo lo que ocurre, todo lo que no se nos cuenta; y a veces mirando de reojo ante lo que pueda ocurrir, no sea que nos estalle en la cara antes de que nos demos cuenta.


miércoles, 17 de junio de 2015

APARTE / A PARTE


Aparte: puede funcionar como adverbio, como adjetivo, como sustantivo y como preposición.

a)      Como adverbio significa ‘en otro lugar’: <<De entre ellos puso aparte algunos>>; y ‘separadamente, por separado’: <<Por su construcción hay que considerar aparte un grupo […]>>.  Con verbos como dejar, poner y similares, aparte significa también ‘fuera o al margen’: <<Dejando aparte la moral, quizá su negativa […]>>, o sin verbo <<Bromas aparte…>>.
b)     Como adjetivo significa ‘distinto o singular’: <<Cada cosa de este mundo era un caso aparte>>.
c)      Como sustantivo es masculino y se usa normalmente con el sentido de ‘palabras que, en un texto teatral, dicen uno o más personajes fingiendo que no las oyen los demás presentes en la escena’.
d)     Forma la locución preposicional aparte de, que significa ‘al margen de, con omisión de’: <<Aparte de esto, la situación general va a agudizarse…>>. Está muy extendido, y es válido, es empleo de aparte de con el sentido de ‘además de’: <<Aparte de Bizet, cultivaron la habanera…>>.


IMPORTANTE: Aparte se escribe siempre en una sola palabra. No debe confundirse con la combinación ocasional de la preposición a y el sustantivo parte: <<Se trata de un camino que no conduce a parte alguna>>.


Fuente: Diccionario panhispánico de dudas.

http://lema.rae.es/dpd/?key=aparte





miércoles, 3 de junio de 2015

Práctica de oraciones con 'se'.


Son oraciones que han aparecido en exámenes de Selectividad.

Se incorpora una cultura de siglos que contempla impávida tu pajareo alegre. (Junio 2007-2008. Opción A)

Se permitía saltar encima de un sofá desvencijado al que llamábamos el pobre sofá. (Septiembre 2008-2009. Opción A)

El fraude más dañino se produce cuando los ciudadanos estiman irrelevante su capacidad de control. (Septiembre 2008-2009. Opción B)

Se añade que el uniforme acabaría con la comparación entre los alumnos. (Junio 2009-2010. Opción B)

Se dice que César recompensó a cada uno de sus hombres con un esclavo. (Septiembre 2009-2010. Opción B)

Los argumentos que se basaban en el bienestar de la familia eran los únicos admitidos. (Junio 2010-2011. Opción B)