domingo, 3 de febrero de 2013

"Paisaje de batalla", por Sergio RAMÍREZ



Nicholas Carr es el autor de un libro publicado en 2010 esencial para entender nuestra cultura del siglo XXI. Se trata de Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? “En los últimos años”, comenta, “he tenido la molesta sensación de que alguien travesea en mi cerebro, varía el mapa de mi circuito neuronal, reprograma mi memoria”. Cambios progresivos en el comportamiento de las neuronas y mudanzas en la corteza cerebral que alterarán para siempre nuestras vidas porque vamos camino de pensar de otra manera desventajosa para nosotros mismos, o pensar menos, y un día dejar de pensar del todo.

Ya en un artículo de dos años atrás aparecido en la revista The Atlantic, titulado “¿Nos está volviendo Google estúpidos?”, advertía que al convertirse uno en habitante de ese extraño nuevo mundo “en línea”, vamos limitando nuestra capacidad de lidiar con textos profundos e ideas complejas. Podemos ver nuestro rostro en la superficie de esas aguas, pero nos vamos volviendo incapaces de advertir el universo que subyace debajo, que es nada menos el de la cultura y la ciencia en toda su complejidad.
[…]

La predicción decía que para el año 2015 ya los libros de papel habrían dejado de publicarse. Un fenómeno colosal si tomamos en cuenta que las tabletas Kindle aparecieron en el mercado apenas cinco años atrás. Pero a estas alturas las ventas de tabletas han empezado a decrecer, una vez pasada la novedad inicial. Es más, diseñadas al principio para bajar y almacenar libros, ahora sirven para muchas otras cosas, correo electrónico, música, fotografía, vídeos, juegos. Un artilugio que solo es útil para leer, no tiene atractivo para el consumidor corriente.

Una encuesta de fines del año pasado, hecha por el Pew Research Center, muestra que en Estados Unidos el porcentaje de adultos que lee en forma electrónica creció apenas cinco puntos, del 16% al 23%; pero el 89% de los entrevistados dice que en los últimos 12 meses leyó al menos un libro impreso, y solamente el 30% declara haber leído algún libro electrónico en el mismo periodo. Y otro dato no menos revelador: la Asociación de Editores informa que la venta de libros electrónicos cayó en un 34% en 2012. Y otra encuesta dice que ha caído también el índice de compras de tabletas de lectura, y un 60% del público no tiene ningún interés en hacerse de una.

Los libros que uno quiere conservar, que despiertan empatía con el lector, los que abren mundos nuevos, enseñan sobre los misterios de la vida y nos cuentan la historia pública a través de las historias de los seres humanos; esos seguiremos guardándolos después de leerlos, irán a los estantes, depositados con amor y cuidado, y no al tacho de la basura.

Seguirán siendo nuestra propiedad, podremos acariciarlos, olerlos, tocarlos. Mientras tanto los libros electrónicos no son propiedad de nadie, o siguen siendo propiedad de quien te cobra para poder bajarlos, y tampoco puedes prestarlos, ni hallarlos en una librería de segunda mano, que son las más gratas, misteriosas y sorpresivas.

http://elpais.com/elpais/2013/01/24/opinion/1359028500_479334.html

sábado, 2 de febrero de 2013

3º ESO. ¿Qué harías si encontrases una sospechosa mochila con 60000 €?


Elsa López

Siendo sincera no sabría qué hacer, ya que nunca se me ha presentado la ocasión.
Por una parte pienso que no lo devolvería y me gastaría todo el dinero en cosas para mí, para mi familia y para ayudar a la gente que lo necesita. Pero también me pondría en el lugar de la persona que ha perdido esa cantidad de dinero, entonces lo devolvería y así a lo mejor me llevaría una recompensa y todo, así ganamos todos y no tendría cargo de conciencia.
En realidad sobre este tema no podría extenderme más hasta que me pase.

María Vas

Si me encontrara una mochila con 600.000 euros, muchas cosas pasarían por mi cabeza, por un lado me gustaría tener ese dinero por todas las cosas que me podría comprar, pero en la vida no es todo dinero, pensaría ¿Cómo ha llegado hasta aquí está mochila? Creo que la llevaría a la policía porque aunque el dinero no tiene nombre, en mi conciencia quedaría. Lo primero que pensaría es que es dinero robado o una trampa y tendría miedo de quedarme un dinero que no es mío, ya que si me lo quedo, dentro de un tiempo podría causarme muchos problemas, por eso las cosas hay que pensarlas antes de hacerlas porque todo tiene sus consecuencias.

Ana Cañuelo

¿Es frecuente encontrarse por la calle una mochila de aspecto sospechoso, situada en el centro de la acera y abierta pero no del todo? La respuesta es no. Pero da la casualidad que hoy es martes 13, en este caso veamos si tengo o no suerte. Me acerqué a ver el saco medio abierto porque me causó impresión, era una tarde oscura y fría de invierno. Poco a poco me iba aproximando más, tenía miedo; pues estaba sola y apenas había coches circulando por Madrid. Yo estoy al lado de ella, ¡voy a abrirla! Decidí después de estar un buen tiempo pensando si abrirla o no. Mientras movía la hebilla  de la cremallera, rechinaba de menor a mayor intensidad. Ya la tengo abierta y que sorpresa me llevé había 600.000 € en un taco todo junto, brillaban como si estuvieran recién sacados del banco. Ahora llega lo peor de todo, qué decisión tomar: quedarme el taco de billetes o no. Dudaba, le daba vueltas  a mi cabeza y al final decidí llevármelos a casa. Cuando aparecí por la puerta de mi casa no quise decir nada, sabía que me los iban a quitar. Esa misma noche, no pude dormir de pensar que para mí era un milagro ya que con ese dinero podría salir un poco de la crisis, pero para la persona que los haya perdido era una desgracia. Empecé a imaginar que yo pierdo ese dinero, estaría llorando a pura lágrima sin parar, estaría destrozada, daría mal ejemplo a mi familia de que soy una irresponsable, puf…. Al rato me dormí de lo cansada que estaba. Al día siguiente salió en las noticias de la mañana una mujer llorando sin parar como una desconsolada porque había perdido la tarjeta de crédito del banco y llamó para anularla pero fue demasiado tarde. Dejó en la televisión un número de teléfono,  lo escribí y lo guardé. Ese mismo día por la tarde como la noche anterior estuve pensando qué hubiera sido de mí, al perder el dinero, no me pude contener más y la llamé. Era hora de contarle la verdad. Comencé y dije lo que te voy a contar ahora, necesito que por favor me creas. Respondió seguidamente la mujer: vale te creeré aunque sea difícil para mí. Era una tarde extraña, apenas había gente por la calle y me encontré este dinero en una mochila sospechosa. Cogí el taco y me lo llevé a la casa, en la noche llegué a un acuerdo: lo devolvería por el malestar del dueño, ya lo he encontrado y eres tú. A la mujer le dio un alegrón ver que la tarjeta se había convertido en billetes sacados del banco. La mochila nadie supo de quién era y decidimos tirarla a la basura para que no hubiese problemas. La joven me dio las gracias y me dijo “te agradezco mucho que me hayas devuelto el dinero, me iba a quedar en la calle con mis dos hijos y mi marido”, si no lo encontraba o no aparecía pero gracias a ti y a tu bondad, tengo para pagar a hacienda.”.
En ese momento no supe qué hacer y dije: No me des las gracias, estas se las doy yo a usted porque gracias a esto me he dado cuenta de que cuando haces algo malo vas a tener un remordimiento de conciencia que no te va a dejar vivir en toda la vida.


Daniel Bartolomé

A ver,  si ya sé que es una mochila sospechosa, pues no la cogería, aunque si tuviese dinero....
Lo más sensato sería o no cogerla, por si es una mochila bomba o algo parecido, o la otra opción es llevarla a una comisaría.
Si no eres sensato puedes abrirla y ver qué encuentras.
Seguro que hay un tonto que se pone a buscar en Yahoo respuestas.
Yo he de reconocer que abriría la mochila dependiendo de si en la calle hay gente o no.
Si me encontrase 600000 euros miraría si tiene DNI y denunciaría esto mencionado en una comisaría, si no tiene me quedo los 600000 euros.
Seguro que hay algún payaso que si consiguiese el dinero se compraría un amigo. Cuando se cansase de él lo vendería por eBay y le saldría un indio que se lo compra por 7 camellos.
Ten cuidado con las mochilas a ver si tienen ¡LAS LÁMINAS! tan molestas y aburridas.


Patricia González

No es lo típico que pasa, ir caminando por la calle y de repente ¡PUM! una bolsa con 600000 euros ahí tirada, en una mochila sospechosa.
Yo lo máximo que me encontrado son 10 euros...
El caso, si encontrara esa mochilita en medio de la calle, con un dineral, pero sin saber de dónde procede... la cogería, sin pensarlo dos veces, pero lo que haría con ella es otra cosa...
Basándome en hechos policiales, hay leyes que dicen que si algo no es reclamado después de un tiempo determinado, dicho objeto se transforma en propiedad de quien lo donó, por lo tanto, míos serían los 600000 euros y de forma legal con lo que saldríamos todos ganando (la policía y yo). Luego planteamos otra cuestión ¿y si lo reclaman?, pues en ese caso te fastidias y te quedas con el gusto de haber hecho lo correcto, aunque por otra parte son 600000. También digo yo que, igual cuando te encuentras 600000 euros te lo quedas ¿por qué no 600000?
Como quedármelos me haría sentirme culpable, creo que mi decisión final sería, en tal caso, dar la mochila a la policía ya que no se sabe la procedencia del dinero, cómo ha llegado hasta ahí y además es una gran cantidad y la policía sabría hacer lo correcto (que espero que fuera darme a mí el botín).


Pablo Dorado

En estos días esta situación se puede dar difícilmente porque: ¿Quién tiene 600.000 € con la que está cayendo? O ¿quién sería el rascabodegones, limpialentillas, recicla-pañales que pierde 600.000 €? Porque si es un eurillo, bueno, dos a lo mejor, pero 600.000 €, que parece Hansel y Gretel dejando un rastro para no perderse. Aunque bueno, que nos desviamos del tema, lo que haríamos todos sería dárselo a la policía para que encontraran a su dueño, o intentar averiguar tú quién es el dueño, y descubrir su dirección y devolvérselo en persona, porque sabemos que a lo mejor nos dará una propinilla. Pero, es que, si se piensa, 600.000 € son un dinero que a quién no le vendría bien. Hasta le podría venir bien a la persona que lo ha perdido, o incluso mejor, porque han secuestrado a su familia o está en peligro. Que aunque parezca típico de las pelis, también ocurre en la vida real. Por lo que, lo más sensato es devolverlo. Yo lo haría. Aunque también puedes intentar sacar algo de provecho, pero con discreción.


Guillermo Martínez

Si me encontrara una sospechosa mochila con 600.000 euros...
...En primer lugar ayudaría a mi familia en la necesidad que tuviesen, en segundo lugar ayudaría a familias en apuros, en tercer lugar curaría animales enfermos y pondría un centro para cuidarlos y acogerlos, en cuarto lugar pagaría para introducir la palabra "sacir" en el diccionario de la Real Academia Española, cuya definición sería: expresión para los rápido-hablantes que quieran utilizar la expresión "¿sabes lo que te quiero decir?"...Y por último lo sobrante lo gastaría en regalos que cumplirían el sueño de algunos amigos y en mí mismo.


Vega Lucas

Ahora mismo, me paro a pensar y no sé qué haría. Posiblemente si es sospechosa no la cogería, ya que hacerme responsable de esa mochila no es que me apetezca ...
Luego , por otra parte quizás la cogería por curiosidad, para ver qué lleva dentro, pero no sé, a mi, en mi casa me dijeron cuando era pequeña,  que esas mochilas sospechosas que te puedes encontrar, ¿bombas?, ¿drogas? Puede sonar exagerado ... pero visto lo visto, viendo cómo está el país puede pasar de todo .
Por otra parte la podría coger en un lapsus mental y gastármelo en lo que quiera, caprichos, o en una mansión. Ya sé que cuestan mucho no, muchísimo más, pero soñar es gratis, por lo que tengo oído, aunque como sigamos así, nos van a cobrar impuestos por ello .
Y digo yo: hay que ser tonto para perder semejante cantidad de dinero, claro está que en el mundo tiene que haber  de todo, porque si
no yo no me lo explico .


Lucía López

Ya sé que tengo que responder esta pregunta, y que lo que todos de esperan es que diga un Ferrari, una mansión y muchas más chorradas pero la verdad es que no me apetece responderos porque ya estoy harta de que siempre la gente pregunte lo mismo y lo que es peor, utilizan verbos en condicional para recordarnos y restregarnos que NO tenemos 600.000 euros y que probablemente NUNCA los tendremos y luego cuando le has abierto tu imaginación a esa persona y has fantaseado un poco, él contesta ya... bueno soñar es gratis.
Estamos muy acostumbrados a estas conversaciones pero, lo que todavía no he oído que pregunten son cosas como: ¿darías esos 600.000 euros para el estudio de la vacuna contra el sida? o ¿qué harías si estuviera en tus manos el futuro de un niño analfabeto? Son preguntas con mucha responsabilidad pero, ¿no lo son 600.000 euros? Me da mucha pena que invirtamos más tiempo  de nuestro pensamiento en cosas lejos de nuestro alcance, como una lotería, en vez de razonar sobre las tragedias de nuestro tiempo que, por triste que le parezca a la gente egoísta, hay más probabilidades de mejorarlas que encontrarse un lingote de oro.
Sigo sin querer responder la pregunta de los 600.000 euros, y por eso me limito a decir que si nunca voy a tener ese dinero prefiero dejaros con la intriga.


Unas liras de 1º de bachillerato



Lilia Montaño

"La nevera vacía"

Abrí yo la nevera
con la esperanza de comida hallar,
¡Qué disgusto me diera
al vacía encontrar
a la que suele mi vida llenar.

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Quisiera ser sincera,
rimar es algo que se me da mal
Y puede que a alguien hiera
mi poesía fatal,
Así que haga esto quién pueda hacer tal.


Laura Córdoba

Durante el frío invierno
Caen las hojas amarroneadas
Como si un lamento
De las nubes cargadas
Las empujase contra la calzada

Álvaro Rojo

Tal descanso produces
que mi cuerpo abandona el llorar
en tantas noches dulces
te querré mucho gozar
cansado me tienes de a ti esperar

(Dedicado a hamaca del jardín en la que  me tumbo por las noches en verano)


Marta Murga

Y con desdén singular
venzo cual desafío de osadía
Y con espectacular
regocijo y alegría
aclamaron al vencedor del día.


Nacho Castillejo

El Horror de la Guerra


Las campanas hoy tañen
al ver vidas con rapidez extinguir.
Lágrimas que lo siguen,
amigos que vemos ir,
políticos que no saben dirigir…

Historias de personas
felices, llenas de vida y alegría
de emociones y aromas
que todos desearían.
Soñadores que jamás soñarían…

Sobre ellos se cernió
la más desoladora sombra negra,
que el sol oscureció
sin aviso ni tregua.
¡Qué tan terrible eres maldita guerra!



Nuria Martín

Un sueño parecía
diversidad de paisajes veía
millones de fragancias
del mar y de los bosques
que demasiados recuerdos traían.


Cristina Rivas

Tan rápido creí
que tu amor verdadero creía
pero necia de mí
con ilusión veía
como tu amor en vano de mí huía.


Rocío Morales

“Asignatura odiada”

A mí no me convence 
Por mas que Ángel lo intente
Mi paciencia vence
Volviéndome ausente
Filosofía es obviamente


Laura Medina

Estaba yo de fiesta
Mientras ** estaba indispuesta
Mientras yo me divertía
Ella sufría y sufría
Cuando se lo conté, qué rabia tenía.


viernes, 1 de febrero de 2013

Texto de "Cinco horas con Mario", de Miguel Delibes.


Éste es el texto que tenéis que traer comentado para el lunes (resumen y tema incluidos). Es el mismo de la página 385 del libro de texto, pero algo más largo.

Casa y hacienda, herencia son de los padres, pero una mujer prudente es don de Yavé y en lo que a ti concierne, cariño, supongo que estarás satisfecho, que motivos no te faltan, que aquí, para inter nos, la vida no te ha tratado tan mal, tú dirás, una mujer sólo para ti, de no mal ver, que con cuatro pesetas ha hecho milagros, no se encuentra a la vuelta de la esquina, desengáñate. Y ahora que empiezan las complicaciones, zas, adiós muy buenas, como la primera noche, ¿recuerdas?, te vas y me dejas sola tirando del carro. Y no es que me queje, entiéndelo bien, que peor están otras, mira Transi, imagínate con tres criaturas, pero me da rabia, la verdad, que te vayas sin reparar en mis desvelos; sin una palabra de agradecimiento, como si todo esto fuese normal y corriente. Los hombres una vez que os echan las bendiciones a descansar, un seguro de fidelidad, como yo digo, claro que eso para vosotros no rige, os largáis de parranda cuando os apetece y sanseacabó, que las mujeres, de sobras lo sabes, somos unas románticas y unas tontas. Y no es que yo vaya a decir ahora que tú hayas sido una cabeza loca, cariño, sólo faltaría, que no quiero ser justa, pero tampoco pondría una mano en el fuego, ya ves ¿Desconfianza? Llámalo como quieras, pero lo cierto es que los que presumís de justos sois de cuidado, que el año de la playa bien se te iban las vistillas, querido, que yo recuerdo la pobre mamá que en paz descanse, con aquel ojo clínico que se gastaba, que yo no he visto cosa igual, el mejor hombre debería estar atado, a ver. Mira Encarna, tu cuñada es, ya lo sé pero desde que murió Elvira ella andaba tras de ti, eso no hay quien me lo saque de la cabeza.

miércoles, 30 de enero de 2013

Texto sobre la música, por Laura GORDON


Dejo este texto que una compañera de 2º de bachillerato ha escrito explicando lo importante que es la música en su vida. Creo que es un texto que merece mucho la pena y por ello lo comparto con vosotros.



Camino de Barcelona, saliendo de Madrid.

Este recuerdo no pertenece a mi memoria, pero las risas que mis padres, mi hermana y yo nos echamos cada vez que mi padre lo cuenta, no se borrarán nunca. Se que en ese viaje comenzó mi amor por la música. Nada más y nada menos que veintitrés veces tuvo mi padre que soportarme, con apenas año y medio, durante horas, diciendo "¡póniela otia ves, otia ves!". Esas veintitrés veces fueron las que mi padre puso, una y otra vez, una canción de Luis Miguel (cantante de boleros) a la que yo bauticé "brazos extraños" en el coche.

Recuerdo tardes enteras en mi salón, mis padres leyendo o charlando, yo mirando una pecera que teníamos con dos peces que no paraban de atacarse el uno al otro... y, cómo no, compartiendo música. La cantidad de veces que he bailado a la par aplastándole los pies a mi padre, el mueble de discos, las vacaciones en coche compartiendo la misma música...

Es por ello que pienso que la música ha sido imprescindible en mi vida. Doy gracias por haber disfrutado durante mi infancia todas esas tardes, esos viajes, esas risas bailando por el pasillo. Doy gracias por la cantidad de sensaciones que la música me ha arrancado, ya entrando en la adolescencia, hasta ahora.

Y es que no consigo imaginarme un día sin escuchar aunque sea una canción; y digo "imaginarme", porque no ha pasado aún un día en el que el ritmo, las letras, las voces, los falsetes, los bailes o los gallos en la ducha no se hayan producido.
Siento la música, la vivo, la respiro.

Es algo tan emocionante, que cuando descubro a alguien a quien no le gusta la música, no sé si envidiarle o sentir pena. Envidiarle, porque no depende de ella como un borracho de la bebida. Sentir pena, por la cantidad de cosas buenas que ha sido capaz de arrancarme a mí la música.

Toda clase de ritmos, toda clase de temas... el abanico es muy grande. Tiemblo mientras escribo, ciertamente la música es mi vida, es mi desesperación si no está sonando en algún momento de mi día a día.

Recuerdo cómo lloré en uno de los mejores viajes de mi vida; en un autobús con todos mis compañeros rumbo a algún lugar de Italia. Cómo mientras muchos dormían yo lloraba, temblaba y hasta tenía hipo escuchando la voz de Pavarotti traspasar los altavoces y acariciar mi corazón.

Vuelvo a sonreír... son tantas las veces que he llorado, que he reído, que he sentido cómo los escalofríos bailaban por mi cuerpo, y cómo el vello se me erizaba... que no soy capaz de describirlo.

Y es que hay cosas que por mucho que tratemos de explicar, nada mejor que una canción para traducir todas esas sensaciones aprisionadas, perdidas sin encontrar la salida de emergencia.

No hay palabras, pero sé que de alguna manera podría hablar de esto toda la vida.


viernes, 18 de enero de 2013

Arturo Pérez-Reverte: "Corbatas de toda la vida". (Texto para comentar)


A buenas horas, malditos. Llevo décadas blasfemando en arameo, desesperado, buscando corbatas estrechas como Dios manda, jurando a los doctrinales cada vez que entraba en una tienda engañado por un escaparate y salía con las manos vacías. Media vida arreglándomelas a mi aire, gracias a los amigos y a las reservas de antaño, echando espumarajos cada vez que me topaba con uno de esos baberos fosforito o multicolor de nudo grueso que políticos y presidentes de clubs de fútbol -siempre confundo a unos con otros, debido a su pulcra sintaxis-, pusieron de moda a base de telediarios. Todo ese tiempo, oigan, ciscándome en los diseñadores y fabricantes de corbatas. Y ahora, después de tantos años obsesionado hasta la psicopatía por encontrar corbatas idóneas, tras explorar, inasequible al desaliento, ciudades y países abalanzándome sobre toda corbata estrecha que veía, y de alzarme con ella soltando escalofriantes carcajadas propias del profesor Moriarty, resulta que vuelven las corbatas estrechas. Así, tal cual. Por la cara. Que la serie Mad Men y algunas otras tendencias retro por el estilo han decidido a los diseñadores de moda, mal rayo los parta por el eje, a estrechar corbatas. Pero a buenas horas, digo yo. Tengo sesenta y un tacos de calendario, y a estas alturas de guardarropa me pilláis con el armario lleno. Ni una me cabe ya. Cacho cabrones.

Algunos de ustedes, veteranos de esta página, quizá lo recuerden. Hace años me quejé aquí del ancho de las corbatas. Las uso estrechas y sobrias, decía. De toda la vida. […]

Ahora cambia la tendencia, como digo, aunque tímidamente -cuesta liberarse de tantos años de hábito hortera-, y las corbatas estrechas vuelven a ser trendy, como dicen los idiotas para contarnos que algo está de moda. Dicho en normal, vuelven a verse por la calle y en los escaparates de algunas tiendas. Según los sitios, ya puede uno adquirir esos complementos con razonable normalidad. Y no saben lo que me alegro, porque el mundo y los telediarios serán ahora más soportables. Aunque para mí es demasiado tarde: mi modesto armario ropero, con previsión sistemática de hormiga atenta al invierno de la vida, está hoy más atiborrado de corbatas estrechas, conseguidas con sudor y sangre, que de dólares la piscina del tío Gilito. A despecho del inglés. De la moda y de la madre que la parió.

http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/736/corbatas-de-toda-la-vida/


viernes, 11 de enero de 2013

El valor de un gesto.


Aquí os dejo el artículo sobre el que tenéis que hacer vuestro texto argumentativo. En esta ocasión no os propongo un tema, sino una noticia. Se trata de que a partir de este artículo saquéis vuestras propias conclusiones universales. No pretendo que expliquéis si estáis de acuerdo o no, o si os parece o no bien. Tenéis que hacer una lectura del texto de la que obtengáis unas ideas que puedan aplicarse al nuestro comportamiento en el mundo actual, reflexionar sobre los valores por los que nos regimos; más o menos.



¿Solo la victoria cuenta? ¿Estamos seguros?

En La soledad del corredor de fondo, la novela y la película, el protagonista, un chaval de un reformatorio, un fenómeno del campo a través, se deja ganar en un cross por el representante de un colegio pijo. Lo hace como gesto de rebeldía, de libertad, para fastidiar a su carcelero-entrenador-profesor. Una acción hermosa que, dicen los entendidos en atletismo, es puramente peliculera, imposible en la vida real, añaden, pues un atleta, uno bueno, nunca se dejaría ganar.

Quizás la vida real ya no es lo que era. O el cross. Pero no el valor, o la rebeldía. O la necesidad de los gestos valientes, hermosos, esperanzadores.

Hace un par de semanas, el 2 de diciembre, Iván Fernández Anaya, atleta vitoriano de 24 años, se negó a ganar el cross de Burlada, en Navarra. “No merecía ganarlo. Hice lo que tenía que hacer”, dice Fernández Anaya, quien, cuando iba segundo, bastante distanciado del primero, en la última recta de la carrera, observó cómo el seguro ganador, el keniano Abel Mutai (un muy buen atleta: medallista de bronce en los 3.000 metros obstáculos de los Juegos de Londres) se equivocaba de línea de meta y se paraba una decena de metros antes de la pancarta. Fernández Anaya le alcanzó con rapidez, pero en vez de aprovechar la situación para acelerar y ganar, se quedó a su espalda y con gestos y casi empujándole le llevó hasta la meta, dejándole pasar por delante. “Él era el justo vencedor. Me sacaba una distancia que ya no podía haber superado si no se equivoca. Desde que vi que se paraba sabía que no iba a pasarle”.

A Fernández Anaya, que estudia un módulo de FP pues no piensa que en el futuro se pueda vivir del atletismo, le entrena en Vitoria Martín Fiz. Lo hace en el mismo lugar, el Prado, en la misma senda física que no filosófica, en la que el famoso vitoriano sumó kilómetros y kilómetros para llegar a proclamarse campeón de Europa y del mundo de maratón. “Fue un gesto de honradez muy bueno”, dice Fiz. “Un gesto de los que ya no se hacen. Mejor dicho, un gesto de los que nunca se han hecho. Un gesto que yo mismo no habría tenido. Yo sí que me habría aprovechado para ganar”.

Cuenta Fiz que el detalle le honra a su pupilo. “El gesto le ha hecho ser mejor persona pero no mejor atleta. Ha desaprovechado una ocasión. Ganar te hace siempre más atleta. Se sale siempre a ganar. Hay que salir a ganar”, dice Fiz, quien recuerda cómo en el Mundial del 97 en Atenas él fue tirando todo el maratón y no pudo despegar a Abel Antón, quien en los últimos metros le atacó y le ganó con facilidad después de haberse aprovechado de su trabajo. “Y yo sabía que iba a pasar eso. Sabía que a menos que se le subiera un gemelo o le pasara un percance, Antón me ganaría. Pero la competición es así. No habría sido lógico que Antón me dejara ganar”.

Fernández Anaya se entrena en el Prado todos los días y cuando se lo permiten los estudios, unos tres días a la semana, en sesión doble. Los técnicos dicen que está a un paso de la elite española del cross, y ya figura entre los que mejor marca tienen en 5.000 metros. Dicen que no le falta nada para llegar al menos a la selección española para el Mundial de cross, que es su objetivo esta temporada, aunque, según su propio entrenador, le puede la presión. “En las grandes competiciones se atenaza”, dice Fiz. “Le falta saber superar la presión, que es lo que diferencia a los campeones. Si no, habría estado en el reciente Europeo”.

“En el cross de Burlada apenas había nada en juego, ni tampoco mucho dinero, aparte del poder decir que había ganado a un medallista olímpico”, dice Fernández Anaya. “Pero aunque me hubieran dicho que ganando tenía plaza en la selección española para el Europeo, tampoco lo habría hecho. Otra cosa, claro, sería si en juego hubieran estado una medalla en el Mundial o en el Europeo. Entonces, creo que sí, que me habría aprovechado para ganar… Pero también creo que ha dado más nombre haber hecho lo que hice que si hubiera ganado. Y eso es muy importante, porque hoy en día, tal como están las cosas en todos los ambientes, en el fútbol, en la sociedad, en la política, donde parece que todo vale, un gesto de honradez viene muy bien”.

Carlos ARRIBAS. El País (14-XII-2012)

http://deportes.elpais.com/deportes/2012/12/14/actualidad/1355506756_770952.html