
lunes, 3 de octubre de 2011
Getafe Negro. Edición IV. Concurso de Microrrelatos.

domingo, 2 de octubre de 2011
Cuidado con los libros.
Hace muchos años, cuando el destacado poeta ruso Evgueni Yevtushenko dijo: “En Rusia, un poeta es más que un poeta”, estaba adulando sutilmente el sólido mensaje social de sus propios versos. Sin embargo, la observación era muy cierta porque históricamente, la falta de líderes públicos capaces de estimular el pensamiento hizo que los escritores y los poetas ocuparan su lugar. Durante muchos años, el hecho de poder citar de memoria capítulos de la novela “Evgueni Oneguin”, de Pushkin, o versos de “Vasili Tiorkin”, el poema épico de Tvardovski sobre
Lamentablemente, este distintivo podría empezar a ser menos reconocible. En 2008, el ministro de Educación suprimió la literatura como asignatura obligatoria del examen de graduación del bachillerato, alegando que era demasiado complicado formalizarla en el Examen Unificado Estatal, un examen basado en respuestas múltiples de reciente introducción. En la actualidad se están revisando los criterios de la educación nacional, según la nueva norma la literatura dejará de ser obligatoria para los estudiantes de bachillerato. ¿Por qué quieren las autoridades educativas rebajar el estudio de la literatura a una mera asignatura optativa?
Los autores de la propuesta alegan que los jóvenes no tienen tiempo de leer tantos libros, además muchos de ellos no necesitan perder tiempo con Dostoyevski si su intención es especializarse en química o matemáticas. La mayor parte de los títulos incluidos en la lista de lecturas convencionales son demasiado extensos y, por lo visto, no se escribieron con el fin de inspirar conocimientos de ingeniería. Hasta las obras más breves de Antón Chéjov necesitan digerirse con tiempo. De modo que hay que ayudar a los jóvenes rusos a concentrar sus esfuerzos en lo que realmente interesa. Concedámosles el legítimo derecho de pasar por el bachillerato sin el engorro de tener que leer a Tolstói, Dostoyevski, Chéjov o Gorki.
Cuando yo estudiaba el bachillerato comenzaron a asomar los primeros síntomas de bibliofobia en forma de resúmenes de libros que podían condensar apropiadamente cuatro formidables tomos de “Guerra y Paz” en quince páginas, algo mucho más razonable, pero en aquellos tiempos los alumnos escondían estas ayudas y las leían furtivamente para evitar comentarios desdeñosos y no pasar vergüenza. Diez años después nadie se molesta en ocultar su ignorancia. Los apuntes Cliff son ahora la norma, y los alumnos que “pierden el tiempo” tratando de leer y entender las grandes obras de la literatura clásica son la excepción.
Quienes proponen los nuevos criterios educativos han preparado bien sus argumentos: ¿Cómo puede una persona de 16 ó 17 años apreciar el significado de la prosa de Tolstói? ¿Por qué hay que obligar a los adolescentes a hacer algo para lo que todavía no están capacitados? Dejemos primero que esos jóvenes crezcan y maduren, y después, quizá, sentirán la necesidad de leer a los clásicos.
No querrán hacerlo. Salvo contadas excepciones, las personas que entran en la edad adulta no dedican su limitado tiempo a algo que no ha sido presentado en su niñez como importante, significativo, valioso o prestigioso. […]
Hoy en día, los burócratas rusos quieren encarrilar a los jóvenes en distintas carreras cuanto antes, y para ello utilizan argumentos hipócritas y erróneos. La capacidad de un joven para entender y apreciar a Tolstói sólo puede ser cuestionada por quienes no entendieron su mensaje ni siquiera en sus años de madurez. […]
Tatiana SHABAEVA. Rusia hoy.
lunes, 26 de septiembre de 2011
Placeres.
Será por eso que nadie quiere morirse, porque al final de la vida contemplar la salida del sol un día más tiene que ser un placer tan fuerte como el que te proporcionó el primer beso de aquella niña. Llega un momento en que los mortales se agarran como pueden a cada amanecer. Aquellos labios que sabían a fruta todavía un poco ácida serán sustituidos cada mañana por la nueva luz que llega hasta tu cama. Tal vez aspirar el perfume de una rosa con el tiempo sustituirá a aquel instante en que tu novia consintió en sentarse contigo por primera vez en la última fila del cine. Pudiste creer que no había en el mundo nada más excitante que aquel deseo en la oscuridad pero de pronto descubres que ahora lo cambiarías por una buena ensalada. Si se trata de vivir peligrosamente dime quién arriesga más, el joven escalando una pared del Everest o el viejo sentado en un sillón de orejas; a cuál de los dos le ronda más cerca la muerte. Sin duda la muerte le sopla al viejo en la nuca su hálito de nieve forzándole a batir diariamente el récord de vivir lo mas pegado posible a la eternidad. No hay deporte más duro que esos últimos cien metros lisos. Cada edad tiene sus naipes que jugar, puesto que la vida no es sino una forma de ir sustituyendo unos placeres por otros, la carne de novia por la de novillo, el levantamiento de pesas por la lectura de unos versos de Eliot, sin que la gloria se quiebre. Entre todos los placeres tal vez uno muy grande sea ese de llegar a la suprema sabiduría de no entender ya nada de lo que pasa. Ese estado de gracia es otra forma de naturaleza. Frente a la estupidez humana, una sonrisa irónica; frente a la catástrofe planetaria, una leve mirada al cielo sin pedir explicaciones; frente a la injusticia o el crimen más execrable, el gesto impasible de la inocencia. Cada mañana la luz del sol establece en la ventana un asa donde agarrarse. Hoy mismo un adolescente acaba de descubrir por internet el primer sexo cibernético, un joven que practica el deporte de riesgo se ha tirado con un ala delta por un acantilado, un especulador en bolsa ha ganado cien millones en una hora, un viejo ha sentido el aroma de café al despertar y viendo el sol de primavera en la ventana se ha llevado la alegre sorpresa de no haber muerto. Nadie sabe cual de estos placeres es el más fuerte.
Manuel VICENT. El País.
Estrenamos sección.
sábado, 3 de septiembre de 2011
7LUNAS. Morir de cero.
SUPER 8, de J.J. Abrams.
lunes, 4 de julio de 2011
Nunca me abandones de KAZUO ISHIGURO (2005)
